El silencio me lleva a las sensaciones placenteras que me hacen incorporarme para ver que todavía llueve. Intento caminar por la obscura habitación que se ha convertido en un grato refugio, abro la puerta que rechina y encuentro un poco de luz que me guía hacia aquellas sillas arrumbadas. Me siento y respiro, me esfuerzo por recordar lo que estaba soñando, es inútil, comienzo a sentir desesperación, me levanto y corro hacia la habitación, me aviento sobre la cama y comienzo a gritar. Llevo semanas intentando visualizar ese sueño a detalle, no puedo, estoy harto. Es una obsesión que me ha llevado a permanecer encerrado todo el fin de semana, sé que ahí están las señales que tanto espero, no hay casualidades, por algo me llego esa carta y esas flores, necesito saber que es lo que quiere, que es lo que intenta, porque aparece de repente. En ocasiones pienso que es una mala broma de aquel imbécil que dice que no se cansa de repetir sus historias vacías y llenas de improbabilidades,...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci