Ayer pensé que este día llegaría, mi alegría es incontenible, ese pánico escénico tan habitual se apodera de mí ser cuando voy a compartir mis ideas ante un público ansioso de percibir. Cuando estoy en el estrado descubro en la audiencia rostros desesperados, manos inquietas, piernas temblando, algunos con una mueca confusa, otros con una mirada que es penetrante, que sofoca el ambiente. Mientras esto ocurre, en otros puntos de la urbe, un niño está siendo golpeando, una mujer está siendo violentada, alguien está muriendo por una agresión con arma de fuego, personas están muriendo de hambre, otras están siendo discriminadas, insultadas y sobajadas. Mis pensamientos se revuelven, sigo observando como las personas esperan en sus asientos, son indiferentes con en el de al lado, no brindan ni una sonrisa, ni se atreven a saludar, nos hemos convertido en seres robotizados, que solo nos ocupamos de nuestros intereses, inflamos nuestro ego, huimos del sufrimiento y del análisis del...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci