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No tengo alternativa.

  Que no te das cuenta de todo lo que persigues y no consigues. Te callas para no causar malestares, buscas escabullirte para ignorar lo que otros alteran con tal de tener la razón, ya no te queda nada, ya no tienes alternativas, tienes que resolver de la manera que te incomoda, pero es efectiva. Intensificas tus pensamientos, quieres encontrar las palabras adecuadas para no quebrar la delgada línea que hay en un dialogo complicado, temes la peor reacción y esperas a que las visitas pasen y le den ánimos, la mayoría sale llorando y les das consuelo, ese que hace mucho se diluido entre rutina y desapego, ya no te importa, solo esperas el desenlace, quieres salir corriendo y sentir libertad. Pasan los días y no hay forma de entablar las preguntas que terminen con el tormento que te sacude desde hace años, necesitas saber la verdad y aterrizar esos insomnios en una dialogo interno que te de fuerzas, has imaginado la devastación total, mientras los visitantes no paran, es un desgas...
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Día de quincena.

  La cotidianidad emergía entre transeúntes y vehículos. Dámaso, madrugaba para emprender las puntuales boleadas a todos los oficinistas que lo conocían y apreciaban, antes de que tomara las franelas y las cubetas para comenzar con un arduo día en esa calle ancha y alborotada. El noble joven tenía un amplio margen para lustrar calzado por las mañanas y lavar coches después del medio día, así era el itinerario de Dámaso, de tan solo dieciséis años, que llego a refugiarse con otros en el parque y competir por sobrevivir en medio de edificios y boutiques. Entre mocasines y bostonianos, las mañanas pasaban, la bondad del jovial Laureano, dueño de una de las tantas torres, no se hacía esperar, señal de un desayuno seguro para Dámaso, además que todos los días le dejaba el automóvil para mantenerlo limpio y en perfectas condiciones. Laureano Montemayor, un personaje admirado en la industria constructora y miembro del club rotario del centro, de buen corazón, criado con gentileza, creye...

Golpes secos.

  Festivo, alegre, risueño, así es Jacinto, no comprendo cómo pudo enloquecer, ahora es luz de aquellas celdas y obscuridad de lo que fuera su casa, podría pensar que fue su salida a las presiones económicas que viva últimamente, ya me imagino al pobre, ir y venir en ese espacio de cuatro por cuatro, envejeciendo y esperando a que su familia lo saque como pueda de ese horrible lugar. Hace dos semanas lo fui a ver, con esa vestimenta caqui y con las ojeras pronunciadas, parece que pronto desaparecerá de lo flaco que esta, al verme solo sonrío y me dijo uno de sus tantos chascarrillos, recuerdo que me dijo: “Ay compadre aquí el tiempo parece sermón de domingo, tan largo como pueda usted imaginar, pero aquí no se puede uno dormir, es como si fuera un reloj que marca las horas sin ser dueño del tiempo”. Sali confundido, no perdía su picardía, en sus ojos no identificaba esa maldad con la que ejecuto aquel asesinato, que realmente fue muy cruel y sangriento, yo fui testigo de tan atro...

El salvador.

  El Jadeo intenso de Abelardo era como el ruido de una locomotora, su gesto de emoción y excitación al verme ahí parada, mostrando lo que parecía un manjar. Me encantaba seducir al hombre que me conquisto hace treinta y nueve años, no dudaba en concederle sus deseos, pues me trataba como una reina, todavía me quedaban ganas de cumplirle sin tapujos. Él con un diagnóstico reservado, me complacía con todos mis caprichos, tenía cartera abierta, una mujer de sesenta años se merece una vida digna, serena y cómoda. Mi Abelardo de ochenta y cinco todavía tenía esa candencia, ese vigor de amar sin cesar. La primera vez que lo vi, me señalo y me llamo con una seña provocadora, era una noche fría de diciembre, necesitaba dinero para mandarle a mi madre y no perdí la oportunidad para cumplir con el objetivo, mi nombre en aquel entonces era Chantal, esas diminutas ropas atrapaban a cualquier sediento en un desierto de presiones interminables, ahí lo conocí, esa madrugada fue un encuentro sa...

Soberbia y ambición.

  Ahora que entiendes muchas cosas te aferras a lo que sientes seguro. Buscas respuestas en el tarot, en la ayahuasca, en la constelación, en cualquier otra técnica que te de las respuestas que de antemano ya sabes, solo que quieres darle vueltas a los asuntos que te perturban y te tienen al borde de un colapso monumental. Te puedo decir que no debes preocuparte, que habrá días que sentirás un gran hueco en el pecho y muchas ganas de llorar, en otros sentirás rabia y pedirás silencio absoluto, hasta que llegue el día en que aceptes las contestaciones del universo y te resignes a comenzar de ceros, a darte cuenta de tus equivocaciones y a desnudarte por completo, y develar que hay que hacer cambios drásticos en cuestiones de actitud y de proceder. El poder nos alimenta de soberbia y ambición después nos bofetea hasta el cansancio. Cuantas veces humille a los demás con tal de sentirme indispensable, de sentir esa sensación de triunfo, esa autoridad rígida que se terminaba cuando ce...

Vivencias y destinos.

  Aquellas flores se han marchitado después de diez días. No me ilusiono recibirlas, en ese preciso momento quería azotarlas en el suelo y salir corriendo, no comprendía los motivos que lo llevaron a tener semejante detalle, quizá me quiere reconquistar, pero no hay manera de que eso suceda, por algo me divorcie y hasta el momento no quiero saber de hombres, han pasado treinta y cinco años de la separación y sigo diciendo lo mismo. Rodolfo fue bueno hasta donde quiso, después se enredo en sus bajos instintos y cometió actos indignos, cayo en su severo alcoholismo, adquirió mañas y conservo las malas compañías, mientras tanto yo tenía que sacar adelante a nuestros hijos, me levantaba a las cuatro de la mañana a preparar el chocolate, las ensaladas y los cocteles, no quedaba de otra, que afrontar la situación y evitar el colapso de mis niños, siempre han tenido mucha madre y por eso resurgí de los maltratos y termine con tan terrible relación, pero por azares del destino, él seguía...

Mi última carta.

  Siete de la mañana con un minuto. Me siento desanimado después de saber lo que piensas de mi persona cuando soy un simple desconocido, cuando te esfuerzas por no saber de mí y opinas abiertamente de mis decisiones, creo que estas acostumbrado a hacerlo con todo aquel que lo permite o simplemente te das el permiso para inmiscuirte en lo que no te importa.   No tienes que andar informando a la gente que acumulo tres separaciones, una docena de intentos por sanar, dos internamientos en el psiquiátrico, siete cambios de tratamiento, puras mentiras, me quieres dejar en ridículo y chantajearme, pero no me interesa, y por eso tengo años de no querer saber de tus malas intenciones, no quiero dirigirte la palabra, es preferible que todo sea a través de cartas y abogados. Ahora resulta que me escribes de forma personal diciéndome que firme los documentos que te hacer acreedor a los departamentos de la costa, que es la herencia que te dejo nuestro amado padrastro, que no quieres pele...