El silencio me lleva a las sensaciones placenteras que me hacen incorporarme para ver que todavía llueve. Intento caminar por la obscura habitación que se ha convertido en un grato refugio, abro la puerta que rechina y encuentro un poco de luz que me guía hacia aquellas sillas arrumbadas. Me siento y respiro, me esfuerzo por recordar lo que estaba soñando, es inútil, comienzo a sentir desesperación, me levanto y corro hacia la habitación, me aviento sobre la cama y comienzo a gritar. Llevo semanas intentando visualizar ese sueño a detalle, no puedo, estoy harto. Es una obsesión que me ha llevado a permanecer encerrado todo el fin de semana, sé que ahí están las señales que tanto espero, no hay casualidades, por algo me llego esa carta y esas flores, necesito saber que es lo que quiere, que es lo que intenta, porque aparece de repente. En ocasiones pienso que es una mala broma de aquel imbécil que dice que no se cansa de repetir sus historias vacías y llenas de improbabilidades,...
Tus ojos marrones se convierten en obscuridad cuando la frustración y los golpes de la vida alcanzan lo que queda de aquel paraíso que alguna vez cuidaste con tanto amor, te inventas realidades alternas que te crees y te llevan a desbordar todo el tiempo pensamientos negativos, piensas que el mundo esta en contra de ti, que te arrebatan eso que con tanto esfuerzo has forjado, que los demás son un estorbo y que deberían desaparecer. No tienes idea de lo que haces y en ocasiones prefieres aliarte al olvido con tal de sanar lo que está totalmente magullado por tus acciones y palabras, tus lapsos de insensatez te llevan a terminar con la armonía y consigues incomodar, quizá no te das cuenta, pero es consecuencia de no procesar lo que te tiene en guerra y en ese aferramiento a tus creencias que ya están siendo obsoletas. Llegas al grado de disfrutar el sufrimiento de los demás, no pretendes ofrecer disculpas y te encaras con lo que no tiene sentido, pero sigues alimentando de una fo...