Deja que las veladoras se apaguen. Permite que esas oraciones vayan al punto de encuentro, que hagan su labor, que fluyan con la correspondencia exacta, no intentes romper con las buenas intenciones de aquellos que recuerdan a los ausentes. Los que estamos presentes en ocasiones nos olvidamos de contestar, quizá no nos interesa y preferimos hundirnos en las que según son prioridades. De repente se escuchan risas en esos espacios que consideramos sagrados, ahí donde el incienso se transforma en una plegaria firme y poderosa, donde las fotografías posan para impactar a los visitantes, el murmullo de lo que quedo pendiente aparece entre los ruidos cotidianos, las veladoras iluminan esos caminos que solo unos cuantos comprenden. Las emociones son arrolladoras ante en inmenso altar, dejamos de ser sofisticados y tiranos, nos volvemos frágiles como los papeles que adornan, nos despojan de esa soberbia que solo nos ha arruinado y nos ha dejado en incertidumbre. Los que van de prisa ...
Me incorporo después de pasar dieciséis horas durmiendo. Sacudo mis cabellos, bostezo sin cesar y busco razones para comenzar a carburar todas esas ideas inconclusas, paseo por la habitación en busca del pastillero, retrocedo y veo mi agenda, donde marque en rojo que hoy es cumpleaños del gran jefe, seguramente me estarán llamando para sonsacarme para regresar al bar que muchas veces me ha visto discutir por mis ideales políticos. Quizá esta vez me negare a ir a la tertulia de esos amigos que solo buscan ratos de ocio y que son asquerosamente pretenciosos, son miserables al dejar a su familia esperando un beso de buenas noches, solo por estar dizque conviviendo, intentando componer el mundo con palabrerías, gastando lo que sería para las futuras vacaciones, quedando en quiebra, solo por no perder la tonta costumbre de reunirse para terminar con la acumulación de estrés. Me siento aburrido de estar solapando a individuos inmaduros, que solo piensan en dinero y placer, no hay m...