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Nuestra estirpe.

  Estoy resignada, devastada, no estoy conforme con tener solo una nieta, quisiera tener un par más, consentirlos y ver como mis hijos los crían, pero pues no tengo esperanza de que eso ocurra, pues ni para tras ni para adelante y yo aquí siendo acabada por la vida que me va tumbando entre achaques y pensamientos absurdos, se me esta terminando el calendario y no veo intenciones que me complazcan mis caprichos. Cuando tuve a Mariano, mi ilusión era verlo como todo un doctor prestigioso, lo impulse lo que más que pude, pero me salió cabeza dura para la escuela y pues que lo pongo a trabajar para que por lo menos supiera mover las manos y no muriera de hambre, mi mayor temor es que le tocara una mujer sin aspiraciones, pero afortunadamente no le fue tan mal, según yo. Cuando llego Reinaldo, no me hice grandes expectativas, deje que tuviera libertades, que pensara lo que quisiera, fue muy aplicado y me dio la grata sorpresa de ser un con Licenciado en ciencias políticas, aunque sus ...
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Chicheme.

  La majestuosidad de tus sentidos se pierde en esas palabras rebuscadas que te quieren adornar un panorama obscuro. Intentas resistir ante el embate de un discurso desgatado y absurdo, te vuelve a decir que te ama, que nunca te dejara, que tienen que ver por el futuro, que siempre te tomara en cuenta y que no dudes de lo que haga o deje de hacer, siempre será para el bien de los dos. La observas y te petrificas como si fueras una de esas feas gárgolas de aquella iglesia que te fascina, comienzas desde el fondo a reír y no haces ni un gesto, estas totalmente paralizado ante lo que escuchas, estas cansado de percibir esos razonamientos idealistas y de buena convivencia cuando todo se ha convertido en una jungla, en una asfixiante rudeza disfrazada de cariños obligados y de momentos que solo pintan una fachada orquestada por conveniencias claras. Recuerdas cuando la conociste, era una talentosa maestra de baile, una niña mimada con aires de grandeza, que creía que ser bonita era ...

No tengo alternativa.

  Que no te das cuenta de todo lo que persigues y no consigues. Te callas para no causar malestares, buscas escabullirte para ignorar lo que otros alteran con tal de tener la razón, ya no te queda nada, ya no tienes alternativas, tienes que resolver de la manera que te incomoda, pero es efectiva. Intensificas tus pensamientos, quieres encontrar las palabras adecuadas para no quebrar la delgada línea que hay en un dialogo complicado, temes la peor reacción y esperas a que las visitas pasen y le den ánimos, la mayoría sale llorando y les das consuelo, ese que hace mucho se diluido entre rutina y desapego, ya no te importa, solo esperas el desenlace, quieres salir corriendo y sentir libertad. Pasan los días y no hay forma de entablar las preguntas que terminen con el tormento que te sacude desde hace años, necesitas saber la verdad y aterrizar esos insomnios en una dialogo interno que te de fuerzas, has imaginado la devastación total, mientras los visitantes no paran, es un desgas...

Día de quincena.

  La cotidianidad emergía entre transeúntes y vehículos. Dámaso, madrugaba para emprender las puntuales boleadas a todos los oficinistas que lo conocían y apreciaban, antes de que tomara las franelas y las cubetas para comenzar con un arduo día en esa calle ancha y alborotada. El noble joven tenía un amplio margen para lustrar calzado por las mañanas y lavar coches después del medio día, así era el itinerario de Dámaso, de tan solo dieciséis años, que llego a refugiarse con otros en el parque y competir por sobrevivir en medio de edificios y boutiques. Entre mocasines y bostonianos, las mañanas pasaban, la bondad del jovial Laureano, dueño de una de las tantas torres, no se hacía esperar, señal de un desayuno seguro para Dámaso, además que todos los días le dejaba el automóvil para mantenerlo limpio y en perfectas condiciones. Laureano Montemayor, un personaje admirado en la industria constructora y miembro del club rotario del centro, de buen corazón, criado con gentileza, creye...

Golpes secos.

  Festivo, alegre, risueño, así es Jacinto, no comprendo cómo pudo enloquecer, ahora es luz de aquellas celdas y obscuridad de lo que fuera su casa, podría pensar que fue su salida a las presiones económicas que viva últimamente, ya me imagino al pobre, ir y venir en ese espacio de cuatro por cuatro, envejeciendo y esperando a que su familia lo saque como pueda de ese horrible lugar. Hace dos semanas lo fui a ver, con esa vestimenta caqui y con las ojeras pronunciadas, parece que pronto desaparecerá de lo flaco que esta, al verme solo sonrío y me dijo uno de sus tantos chascarrillos, recuerdo que me dijo: “Ay compadre aquí el tiempo parece sermón de domingo, tan largo como pueda usted imaginar, pero aquí no se puede uno dormir, es como si fuera un reloj que marca las horas sin ser dueño del tiempo”. Sali confundido, no perdía su picardía, en sus ojos no identificaba esa maldad con la que ejecuto aquel asesinato, que realmente fue muy cruel y sangriento, yo fui testigo de tan atro...

El salvador.

  El Jadeo intenso de Abelardo era como el ruido de una locomotora, su gesto de emoción y excitación al verme ahí parada, mostrando lo que parecía un manjar. Me encantaba seducir al hombre que me conquisto hace treinta y nueve años, no dudaba en concederle sus deseos, pues me trataba como una reina, todavía me quedaban ganas de cumplirle sin tapujos. Él con un diagnóstico reservado, me complacía con todos mis caprichos, tenía cartera abierta, una mujer de sesenta años se merece una vida digna, serena y cómoda. Mi Abelardo de ochenta y cinco todavía tenía esa candencia, ese vigor de amar sin cesar. La primera vez que lo vi, me señalo y me llamo con una seña provocadora, era una noche fría de diciembre, necesitaba dinero para mandarle a mi madre y no perdí la oportunidad para cumplir con el objetivo, mi nombre en aquel entonces era Chantal, esas diminutas ropas atrapaban a cualquier sediento en un desierto de presiones interminables, ahí lo conocí, esa madrugada fue un encuentro sa...

Soberbia y ambición.

  Ahora que entiendes muchas cosas te aferras a lo que sientes seguro. Buscas respuestas en el tarot, en la ayahuasca, en la constelación, en cualquier otra técnica que te de las respuestas que de antemano ya sabes, solo que quieres darle vueltas a los asuntos que te perturban y te tienen al borde de un colapso monumental. Te puedo decir que no debes preocuparte, que habrá días que sentirás un gran hueco en el pecho y muchas ganas de llorar, en otros sentirás rabia y pedirás silencio absoluto, hasta que llegue el día en que aceptes las contestaciones del universo y te resignes a comenzar de ceros, a darte cuenta de tus equivocaciones y a desnudarte por completo, y develar que hay que hacer cambios drásticos en cuestiones de actitud y de proceder. El poder nos alimenta de soberbia y ambición después nos bofetea hasta el cansancio. Cuantas veces humille a los demás con tal de sentirme indispensable, de sentir esa sensación de triunfo, esa autoridad rígida que se terminaba cuando ce...