Ya no vivas entre los lamentos que te persiguen y que no logras enfrentar. Grita todo aquello en lo que has fallado, ya deja de ponerte esas caretas melodramáticas que intentan buscar un reconocimiento que no es necesario, que no es elocuente, que sobra en medio de los cuestionamientos constantes que no te dejan establecer la aceptación de una cruda realidad. Sientes como el enfado no cesa. No te interesa lo que piense y diga, te vale un bledo y crees encontrar resignación en esa penumbra que solo agita más la inconformidad, pero eres el único responsable, quisiste quedarte ahí, gozando de los malos tratos, de las indiferencias, de las exclusiones, no desempolves el discurso de un maltrato evidente, cuando tuviste la oportunidad de huir y evitar lo que ahora te acongoja. Te perdiste en un camino que no te corresponde, tomaste el atajo que te llevo a la incertidumbre, a la competencia que obvio que no puedes ganar. La desmotivación te esta absorbiendo, te causa tedio despertar...
Quieres que te hable con honestidad, pero no quieres ni siquiera verme. Entonces te escribiré un par de cartas que te enviare a la antigüita y ya sabes si las abres o las dejas arrumbadas, ahí te daré mi punto de vista sobre o que me preguntaste la otra vez y te mencionare las instrucciones por si ya jamás nos volvemos a ver, necesito hagas lo que te pido y después te dirijas al punto en donde nos vimos por primera vez. En el sitio quiero que enciendas un incienso de canela y me des una explicación sensata de los trabucos que hiciste y dejaste hacer. Observes al horizonte y encuentres aquella torre con ese enorme reloj y repitas mi nombre con fuerza, quemas las cartas y después te marchas sigilosamente, es la forma en la que terminaremos el ciclo de nuestro vertiginoso vinculo. Por supuesto que yo no estaré muerto y si te vuelvo a topar en algún lugar, serás para mí una presencia desconocida y sobria que no me generara ninguna emoción. Espero que pronto te lleguen las cartas,...