Siete de la mañana con un minuto. Me siento desanimado después de saber lo que piensas de mi persona cuando soy un simple desconocido, cuando te esfuerzas por no saber de mí y opinas abiertamente de mis decisiones, creo que estas acostumbrado a hacerlo con todo aquel que lo permite o simplemente te das el permiso para inmiscuirte en lo que no te importa. No tienes que andar informando a la gente que acumulo tres separaciones, una docena de intentos por sanar, dos internamientos en el psiquiátrico, siete cambios de tratamiento, puras mentiras, me quieres dejar en ridículo y chantajearme, pero no me interesa, y por eso tengo años de no querer saber de tus malas intenciones, no quiero dirigirte la palabra, es preferible que todo sea a través de cartas y abogados. Ahora resulta que me escribes de forma personal diciéndome que firme los documentos que te hacer acreedor a los departamentos de la costa, que es la herencia que te dejo nuestro amado padrastro, que no quieres pele...
Doce tacos, un agua de horchata y un delicioso flan, es mi gusto de cada domingo. De lunes a sábado las cosas no cambian mucho, entre el pan dulce y las tres tazas de café obligatorias, después la comida rica en carbohidratos y la cena es el antojo de unas quesadillas fritas o una enorme hamburguesa, es un delirio alimenticio que me ha costado mi bolsillo y salud. Tan solo peso ciento treinta kilos y es algo de lo que me siento orgulloso, mis rodillas duelen y la espalda molesta, mis jadeos al caminar han aumentado y mis bochornos son constantes, pero la comida es mi alegría, es mi motivo, es una ruta de escape para la soledad que me asfixia. Recuerdo que a los trece años después de que mi padre murió, deje la disciplina, olvide las exigencias, no regrese a la natación y mira que era un prospecto par representar a mi país en competencias internacionales, no me intereso y a mi madre tampoco, ella me consintió en todo lo que yo le pedía, las pastas, los postres, las galletas, su ...