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Al borde del infarto.

  Doce tacos, un agua de horchata y un delicioso flan, es mi gusto de cada domingo. De lunes a sábado las cosas no cambian mucho, entre el pan dulce y las tres tazas de café obligatorias, después la comida rica en carbohidratos y la cena es el antojo de unas quesadillas fritas o una enorme hamburguesa, es un delirio alimenticio que me ha costado mi bolsillo y salud. Tan solo peso ciento treinta kilos y es algo de lo que me siento orgulloso, mis rodillas duelen y la espalda molesta, mis jadeos al caminar han aumentado y mis bochornos son constantes, pero la comida es mi alegría, es mi motivo, es una ruta de escape para la soledad que me asfixia. Recuerdo que a los trece años después de que mi padre murió, deje la disciplina, olvide las exigencias, no regrese a la natación y mira que era un prospecto par representar a mi país en competencias internacionales, no me intereso y a mi madre tampoco, ella me consintió en todo lo que yo le pedía, las pastas, los postres, las galletas, su ...
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Garabatos.

  Los gatos maúllan con insistencia, otra vez se escucha el rechinar de la escalera y no puedo moverme de este sofá maloliente. Hace dos semanas despareció la tía Celia, no es la primera vez que se extravía, sigo al pendiente de las llamadas y los reportes policiacos, estoy cansada, desesperada y no tengo respuestas. He tratado de ordenar cada rincón de la casa, pero mi alergia al polvo me tiene rendida, imagínense la cocina llena de cochambre, bichos rastreros y manchas imborrables en los azulejos, vivo entre el asco y la angustia. La soledad de mi tía se refleja en las telarañas interminables, la suciedad parece parte de la decoración, creo que desde que murió mi primo Benigno, no venía a este lugar que no es un hogar, es una pocilga. Apenas llevo dos noches aquí y quiero regresarme a mi departamento, no hay gas, ni internet, de milagro hay electricidad y línea telefónica, limpie un pedazo del jardín trasero e instale una casa de campaña para poder descansar de forma decorosa, ...

Torta de aguacate.

  La soledad me abraza mientras me preparo mi torta de aguacate, sin razón aparente comienzo a llorar y quizá los recuerdos vienen de golpe y hacen que el cuerpo reaccione, comienzo a morder el pan de forma desesperada y no paro de pensar en cada episodio bonito de mi vida y de repente suspiro como si quisiera invocar a los espíritus. Me seco un poco las lágrimas y comienzo a cantar de forma descontrolada aquella canción que significa tanto y que pocos recuerdan. Mis manos están batidas de aguacate y comienzo a lamer mis dedos en ese instante de intimidad, de clandestinidad que muchos desconocen, el llanto cede por completo y sigo mordiendo el pan dejando migajas en la mesa, en este momento no importa la forma de masticar simplemente se goza. Podría comerme varias tortitas, pero también el abuso me traería consecuencias estomacales y prefiero reservarme momentos como el que acabo de experimentar donde las emociones florecen mientras muchos se rascan sus miserias buscando justific...

Ella sabía mí nombre.

  Doblas a la derecha y te encuentras con esa entrada pintoresca, pasas sigilosamente, buscas que alguien que de razón y te explique como llegar al departamento siete, sigues con pasos apresurados, bajas unas pequeñas escaleras y hay unas velas encendidas, el olor a incienso es penetrante, comienzas a desesperarte en ese largo pasillo, de repente una dulce voz menciona tu nombre y el miedo se apodera de todas tus entrañas, sabes que has llegado al sitio donde según te adivinaran el futuro. Te topas con una pared y sin saber que hacer te sientas en el suelo, esperas que alguien vaya por ti, pero los minutos pasan y la incertidumbre crece, de repente una silueta regordeta, se ve al fondo, comienza a rezar y el calor aumenta, ahí esta la persona que buscabas, poco a poco se acerca, y vas reconociendo sus facciones, piel blanca, ojos grises y una nariz respingada, sabes que es ella quien tendrá el gusto de atenderte.   Los nervios te traicionan y tropiezas hasta besar el suelo...

Privilegios efímeros.

  La probabilidad de que tus cometarios me afectan es baja y no seria la primera vez quieras defender tus posturas clasistas y discriminatorias. Te la vives etiquetando a todo mundo, queriendo insultar, señalando defectos y queriéndote sentir de las altas esferas cuando sabemos la realidad en la que vives. Cuando te conocí eras humilde, compartido, entusiasta, creativo y te adaptabas a cualquier panorama, ahora pides buena comida, un lugar cómodo para dormir, aire acondicionado, agua de una marca en especifico y que persista el silencio, terminaste siendo todo eso que criticabas, la fama te llevo a la frivolidad de los que se creen dioses, piensas que los reconocimientos te aseguran un gran futuro, se te ha olvidado que todo cambia de un momento a otro, ya no sabes en que malgastar el dinero que ganas a diario, se te olvido el barrio donde creciste y comenzaste a escribir, no has vuelto desde que obtuviste tu primer contrato en la disquera, que después te obligo a ceder cada una ...

Doscientos pesos.

  Intentas disimular alegría mientras en tus pensamientos pides cuentas claras de todo lo que has acumulado por años. Vives resentido con el mundo por razones que parecen absurdas, te encomiendas a tus creencias para que el camino se componga, diluyes toda posibilidad de acuerdo con aquellos según te hicieron mal, descuidas tus momentos de lucidez, te la pasas escuchando los sermones que tanta paz te dan en los instantes críticos, calmas el dolor con aquellos desinflamantes y sigues observando las fotografías anhelando que esos tiempos regresen. Comes lo que alcanzas a recolectar en las calles, no contestas los saludos, ignoras lo que sucede en el entorno, quieres pasar desapercibido, la gente huye cuando apareces, te convertiste en un espanto, en un ser que nubla, que causa desconfianza, eres producto de tus malas decisiones. Ganaste mucho dinero cuando te dedicabas a la política, todos te querían, te reconocían, te vitoreaban, causabas euforia y hacías que las masas se movieran...

Me enchina la piel.

Seis meses de recuperación y ahora estoy administrando la energía para cumplir con el compromiso y despedirme dignamente de lo que fue toda mi vida. Muchas personas no comprenden los sacrificios y los riesgos, pero me aferre y supere todos los obstáculos hasta llegar a la primera división con un club muy modesto, pero con una gran historia. Después de tres torneos, llame la atención de los clubes europeos y pues me convencieron, fue una sorpresa llegar a Francia y dar el salto Alemania para terminar en España y en todos esos años vestí la camiseta de la selección, nunca dude en venir como muchos otros, el numero once siempre me estaba esperando, conseguí títulos, grandes hazañas, compartí cancha con los mejores jugadores del mundo hasta que un día me llego la oferta del futbol estadunidense y pues decidí comenzar a despedirme de lo que fue un sueño. No dure mucho tiempo en Chicago. Determiné regresar al equipo que me dio la primera oportunidad, me puse esa camiseta turquesa con org...