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Mostrando las entradas de noviembre, 2024

La masacre de tus despertares.

  El reconocimiento es muy complicado de expresar, muchos lo callan, no quieren aceptar que es lo que los hace sentir bien o mal, viven entre las sombras de lo que pareciera un camino frutífero y generoso, pero en el fondo se sienten rechazados, olvidados e ignorados, no son reconocidos ni por respirar, parecen estatuas que cambian de posición cada vez que las condiciones se distraen y hay algo que destacar de forma superflua. Que difícil es reconocer el buen paso del otro se prefiere reclamar todo lo que no se ha conseguido en vez de disfrutar lo que ya se tiene, no puedes reconocer que el florecer tiene un impulso en que sales beneficiado, decides sacar las tijeras y cortar de tajo el momento de grandeza, no quieres festejar, solo te cuestionas que si es merecido o no. En aquellas tardes de crisis discutes con la soledad y repartes calamidades al por mayor y a quien se deje, no te importa hacer sentir mal a las personas, crees que con una mínima disculpa desaparecerá ese malest...

Ebrio.

  Un ebrio me conto lo que pasaría si dejaba que todo se fuera al carajo. Ahora aquí me tienes en esta mesa rinconera comiendo unos cacahuates rancios y un coctel de promoción por ser miércoles, llevo siete semanas sin rasurarme, cuatro sin comer decentemente y dos esperando a conciliar el sueño. Me canse de rogarle atención, me olvide de los detalles, me enfoque en el trabajo, en mis amigos, en eso que llaman distracciones para evadir la realidad. Me sentía un costal de discordia, una especie de objeto donde se desquitaba, donde vaciaba su frustración, donde los reproches eran interminables y el amor había escapado. El hartazgo quemo la poca paciencia que tenía, intente detener mis impulsos y no pude, esa mañana salí a correr, me detuve a tomar un licuado de nuez, regrese con molestias en el tobillo y ella estaba arreglándose para ir a trabajar, la ignore una vez más, me refugie en aquella habitación y espere a que se fuera, pero un susurro me sugirió que la siguiera y es ahí do...

En la orilla.

  Estoy en la orilla de la playa pidiendo que este año se termine. Un año turbulento de muchos cierres, de grandes pérdidas, de momentos indeseables, que solo entenderían aquellos que han sentido ese dolor profundo y difuso. Un año que, aunque intente olvidarlo no será posible, doce meses que han marcado mi vida, mi existencia, que han dejado tremendas reflexiones. Muchas lagrimas han brotado y me han dejado pensando en lo rápido que pasa el tiempo y que hay golpes abruptos que nos hacen caer, pero solo nos queda levantarnos, sacudirnos y continuar. El sonido del mar me hace voltear al cielo y pronuncio algunas frases. Insisto en jugar con la arena escribiendo mi nombre, después la espuma se lleva ese instante de serenidad y me sitúa en la realidad. Esto es lo que hay y se debe de gozar, estas son las maravillas de la vida que deben de quedar en la memoria, camino por toda la orilla hasta encontrarme con la tarde que hace que me detenga y piense en mis miles de aventuras. Me esfu...

El trinche.

  Presumes lo tanto que amas a las personas que ves cinco o seis veces al año, subes la foto y te regodeas de lo que implica el buen momento capturado, obtienes la atención que tanto te hace falta y te vas contento a dormir. Así vas por la vida reaccionando sin pensar, sin entender tus palabras, sin percatarte de la responsabilidad del mensaje, lo que quieres es que la gente vea que hay alguien que te acepta tal y como eres. Bonita fotografía en medio de un Halloween hecho al vapor, simpático te ves con el trinche, los cuernos y esa mascara de diablo enfurecido. Has reciclado tres veces el mismo disfraz, no te importa, porque has comprendido que la vida camina de manera acelerada, no tienes tiempo para perderlo en buscar el atuendo de moda, solo quieres pasarla bien con la gente que te reconoce como bueno, honesto y frontal.   Sacas decenas de fotos para reiterar que, si eres un angelito y que lo de diablo solo queda en una caracterización paupérrima, pero sabes en el fondo ...

No hay semana que no llore.

  Los recuerdos me invaden, me traslado a nuestra niñez, me entretengo en los juegos, en la inocencia que nos envolvía, en esos instantes felices, en esas travesuras insolentes, en tus berrinches, en tus caprichos y en tus ocurrencias. Quiero revivir lo que fue, lo que me ahoga en un llanto inmenso, necesito de uno de tus tantos arrebatos, de esa actitud irreverente y de tus tan mencionadas bondades. Armemos una casita con las sábanas y cobijas, refugiémonos mientras llueve, que el tiempo se nos vaya en reír y soñar, hagamos un escenario donde cantes y brinques, encontremos esos motivos para hacernos eternos y comprendamos que somos hermanos, permíteme cambiarle el pañal a la muñeca mientras tu pateas el balón con fuerza, déjame volver a sentir que es ser el hermano mayor y cuidar de la fragilidad de una niña sensible y cariñosa. Permíteme quedarme en silencio mientras te recuerdo. Quiero volverte a ver y decirte lo tanto que te extraño y amo, quiero escribirte unas cuantas car...