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Mostrando las entradas de enero, 2021

Tiempos de horror.

  Los argumentos insólitos salen sobrando en esta cadena de desolación y angustia. Imposible creer que la inconsciencia sigue emanando sin compasión, que el egoísmo sigue pateando la realidad y la indiferencia es una fase que ya quedo incrustada en estos tiempos de devastación. El entendimiento no llega a todos aquellos que siguen rompiendo los límites, quizá no le temen al dolor, a la sorpresa, quizá se sienten blindados, pero en resumen todos estamos hartos, de esos imprudentes y de todas las excusas que ponen, de actitudes indeseables y sus respuestas altaneras. La ansiedad es una fuente de reacción ante los acontecimientos vividos, todos queremos saber que pasara en un futuro, esos momentos de luz todos queremos sentir, pero están muy lejos, mientras los sujetos malévolos, sigan su marcha y sigan propagando la inestabilidad, que importa que sigan tomando todas las medidas necesarias, si siguen saliendo para realizar cosas no esenciales. Tanta necesidad tienen de escapar, que ...

Recordar todo lo bueno.

  Las manifestaciones son grotescas en cada rincón del alma. El silencio es profundo, es una ceremonia de solemnidad y de introspección, que decadencia tan grande, se vive en esas calles que son un coro de irresponsabilidad y de egoísmos encontrados. Esos impulsos nos obligan a detenernos, para recopilar toda la información posible y dar un discurso digno de lo que se siente y se vive. Todos tiene una versión distinta, de estos días que se van deformando con opiniones cínicas, actos deplorables y palabras hirientes. Las celebraciones deben ser interiores, las ganancias deben ser incontables y las perdidas una forma de crecimiento. El viento sopla con violencia, alguien se ha dado cuenta, de que esto es un guion sin pies ni cabeza, esas sonrisas que se apagan, esas miradas que se retractan, esas bocas que no se mueven y esos corazones helados, son resultado de estos tintes grises que han manchado el impulso. Acciones simbólicas intentan recaer en la unidad, que por el momento esta...

Vibrar alto.

  Los cachivaches se van acumulando en esa pequeña bodeguita. Intentos fallidos han pasado por tus largas caminatas y sigues teniendo sed, el hambre es un enorme impulso para continuar en esta vasija de testarudos, que no beben nada, que se saturan de sus dichos, simplemente por seguir en una parranda de deducciones contrarias. Si, el hambre por escapar es la que nos carcome, debemos cambiar la dieta por el bien de nuestros cuerpos y de nuestros interiores revueltos, debemos seguir en esta extrema algarabía, que puede arruinar toda posibilidad de sensatez. Algunos se infiltran por las grietas y caen al vacío, otros se quedan solo observando y mesen sus cabezas con tal de convencerse, las expresiones son groseras y la vida no cesa, no todos tienen la capacidad de entendimiento, quizá se hacen los tontos por conveniencia, sacan sus argumentos desgastados para combatir el fastidio. El helado clima no permite salir a buscar ayuda, las voces avanzan por nuestros oídos y nos confunden,...

La facturación.

  La factura de nuestras acciones llegara en el momento indicado, todos ocuparemos el lugar que nos corresponde y observaremos la realidad de forma minuciosa. Querer ser cuando es conveniente y dejar de ser cuando no hay tiempo, no hay interés, eso es una terrible calamidad en nuestros días, un simple “hay que cuidarnos”, es poderoso cuando todos asumen su papel y brutal cuando existen rebeldes jugando a la ruleta rusa, así todo se ira a picada. El querer o no compartir algo, es decisión del individuo en cuestión, no es obligación gritarlo a los cuatro vientos y comunicarlo a todos los que formalizan una comunidad, el respeto es fundamental en todas las latitudes y dependiendo del crecimiento de cada uno, es la reacción expresada. En lo particular, podría enojarme por infinidad de cosas, situaciones que, para mí, no son correctas, en estos tiempos de complicaciones, pero cada uno hace lo que quiere con su vida, nadie podemos impedir que salgan, que se vayan, que vuelvan, que regr...

Cuento Epistaxis.

  Ayer pensé que este día llegaría, mi alegría es incontenible, ese pánico escénico tan habitual se apodera de mí ser cuando voy a compartir mis ideas ante un público ansioso de percibir. Cuando estoy en el estrado descubro en la audiencia rostros desesperados, manos inquietas, piernas temblando, algunos con una mueca confusa, otros con una mirada que es penetrante, que sofoca el ambiente. Mientras esto ocurre, en otros puntos de la urbe, un niño está siendo golpeando, una mujer está siendo violentada, alguien está muriendo por una agresión con arma de fuego, personas están muriendo de hambre, otras están siendo discriminadas, insultadas y sobajadas. Mis pensamientos se revuelven, sigo observando como las personas esperan en sus asientos, son indiferentes con en el   de al lado, no brindan ni una sonrisa, ni se atreven a saludar, nos hemos convertido en seres robotizados, que solo nos ocupamos de nuestros intereses, inflamos nuestro ego, huimos del sufrimiento y del análisis...