Me han vuelto a cambiar los planes y lo tomo como una advertencia llena de caprichos y de insensibilidad al tiempo, es una falta de respeto y una necesidad de fabricar momentos que no tienen un objetivo claro, la mente maestra de todos estos desajustes se la vive inundada de inconvenientes y cuanto observa un destello de atención se filtra para querer organizar algo que no es propicio. Dice una cosa y hace otra, es una lamentable inercia que termina comprometiendo a los que desde el principio se negaron, la advertencia se ha concretado para volverse realidad y en una obligación sin escape. Es un deseo de pertenecer por un momento a la felicidad que no se procura, que no se cultiva, que es inestable y alucinante cuando se trata de terquedad y fijación, no quedara más remedio que cumplir el antojo de vivir en una burbuja llena de lo mismo. Tendré que cambiar aquella reunión para el domingo, la visita pendiente tendrá que persistir en mi agenda, buscare un buen asiento para llegar...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci