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Mostrando las entradas de abril, 2020

La colección de jaulas.

Las calles vacías y la imaginación jamás nos informo de lo que podía acontecer. Estas desesperado, diciendo maldiciones, desatendiendo lo que en perspectiva es importante, quejándote constantemente, saturando la mente de situaciones desfavorables. La muerte es un panorama que trasciende en todos lados, estamos invadidos por negligencias, discursos torcidos, números incomprensibles, esto se sigue repitiendo sin saber cuando llegara el fin. No quieres poner de tu parte, quieres salir corriendo y regresar a los sitios donde eras feliz. Te resistes a caer en un encierro cuando es una oportunidad para liberarte de todo aquello que te pesa y te absorbe dejándote en los huesos, es un momento para agradecer, es una pausa que puede entregarnos un nuevo equipaje para emprender viajes interminables, para darnos cuenta de los insípidos huecos que rellenamos con tontos argumentos, es un lapso para valorar lo que pensamos que será eterno y francamente no lo será. Después de que pase todo e...

Un impacto tras otro.

Ten misericordia de nosotros y del mundo entero, así fue como comencé este día, gritando esa frase en aquella ventana abierta, quizá nadie me escucho porque todavía la madrugada era joven y mi insomnio es un monstruo que me ataca con sus tentáculos hasta ahogarme en pensamientos absurdos. El viento mueve las ramas de aquel enorme árbol, que no deja que los rayos de la luna me den un poco de serenidad, los sonidos nocturnos se hacen presentes y se mezclan con un intermitente tic tac. De la mente brotan, desesperadas frases de sarcasmo, que a pocos causarían gracia, verdades que he callado por el bien de muchos rondan una y otra vez mi próximo escrito, pero evitare lo mas que pueda su siniestra publicación. Hoy es uno de esos amaneceres confusos, porque todos quieren respuestas, quieren remedios, quieren sentirse libres en momentos de encierro obligatorio. Todos quisieran que esto fuera un mal sueño y despertar para continuar con una vida harta de indiferencias, quejas, de tontos ...

No te importan muchas cosas.

Una invasión de desolación recorre cada cuadro de la existencia. Los necios están esperando la muerte en medio de una trifulca de ideologías que solo corrompen la serenidad, los tercos están en las calles desestimando lo que dicen los expertos y los consientes solo están atentos, para cuando abran los portales, salir corriendo. Un salto incomprensible revienta las estadísticas y los ánimos son confusos entre alaridos de triunfo y gritos de decepción. El encierro se prolongará porque no hay suficiente miedo en aquellos atrevidos, crees que no te ven, pero estas vigilado y hasta se sabe que haces entre esas cuatro paredes, están enterados de todo lo que consumes y piensas, estas acorralado y no puedes alarmarte cuando dicen que todo esté bajo control. Encuentras motivos en una sonrisa, que te deshace con tan solo mirarla. Es momento par que hagas un resumen de lo que te mueve, de lo que quieres y de lo puedes lograr, no dejes pasar el tiempo como si este fuera retornable, no permita...

Episodios llenos de fango.

Una agresiva anestesia penetra el centro de los pensamientos claros y los vuelve severos al grado de descontrolar los puntos que parecían resueltos. El silencio es un grato acompañante y a su vez fastidioso símbolo de un encierro forzoso, nos revolcamos en esa imaginación frustrada, en esos episodios llenos de fango, en eso que llamamos inconsciencia y después nos esfumamos como si fuéramos el sueño de un ser delirante y frenético. No sabemos como reaccionar ante la histeria, no comprendemos la desobediencia de muchos, que toman las calles como un escape, como una historieta que sobrepasa lo implacable, como si el ruido fuera una melodía con una lógica precisa. La soberbia que te infla es la misma que te somete a reflexionar sin excepciones y te condena abruptamente sin condiciones, es un carrusel que no se detiene, te provoca mareo al grado de llegar al vomito, te conviertes en un ser pálido y destrozado porque te ha caído todo el peso de aquello que no esperabas, quisieras reír...