Un impacto tras otro.



Ten misericordia de nosotros y del mundo entero, así fue como comencé este día, gritando esa frase en aquella ventana abierta, quizá nadie me escucho porque todavía la madrugada era joven y mi insomnio es un monstruo que me ataca con sus tentáculos hasta ahogarme en pensamientos absurdos. El viento mueve las ramas de aquel enorme árbol, que no deja que los rayos de la luna me den un poco de serenidad, los sonidos nocturnos se hacen presentes y se mezclan con un intermitente tic tac. De la mente brotan, desesperadas frases de sarcasmo, que a pocos causarían gracia, verdades que he callado por el bien de muchos rondan una y otra vez mi próximo escrito, pero evitare lo mas que pueda su siniestra publicación.

Hoy es uno de esos amaneceres confusos, porque todos quieren respuestas, quieren remedios, quieren sentirse libres en momentos de encierro obligatorio. Todos quisieran que esto fuera un mal sueño y despertar para continuar con una vida harta de indiferencias, quejas, de tontos alardes materiales, de crueles tormentos, de criticas sin sustento, pero estamos atrapados en este lapso irremediable, que nos revuelca, que nos desbarata y que nos maltrata. Nos llegan avisos de que los impactos serán severos y que debemos estar preparados para afrontar cada milésima de segundo de esta batalla indescriptible.

Será complicado salir de esta trifulca, si no corregimos, será difícil ascender y restablecer la sintonía. Entonces tomemos nuestras maletas y hagamos un viaje puntual por cada trozo que nos hace ser la pieza que somos, pasemos por cada lugar obscuro que nos paraliza, disfrutemos de los espacios transparentes que nos reconocen como buenas personas. El sometimiento al encierro es una oportunidad para encarar todo lo que no esta en su lugar y llevarlo al sitio indicado, muchos no tendrán esa dicha, muchos estarán en peleas profundas y en momentos trascendentales, todos somos vulnerables de alguna manera.

Un impacto tras otro. Algunos no se moverán porque están en un reino indestructible, resuelto con artimañas, condicionando su bienestar, implorando que los golpes no lleguen y que la vida sea bella. Otros tendrán que moverse para sentirse vivos, para traducir lo enredoso en una cuestión trasparente y así sonreír por el privilegio de continuar en este escenario incomprensible. Quizá esos impactos sean señales para que abramos puertas y entender que hay puntos radiantes, para ablandar esas partes duras del corazón y correr para dar abrazos en el momento en que se pueda regresar al mundo, que será diferente, aunque no queramos.

Descubriremos que tan desarrollada esta nuestra capacidad de adaptación. No veremos la devastación, pero ahí estará, voltearemos a todos lados y veremos a los que nos aman, a los incondicionales, a los que nos reconocen, a los que no nos soltaran la mano. Para ese entonces tendrás que saber que es la misericordia y tendrás que aplicarla sin opción a la huida graciosa. Llegaran las tardes donde observaras que la gente camina como si nada hubiera pasado, el egoísmo seguirá su triste andar y se nos olvidara lo que padecimos en el encierro.

Volveré a gritar esa frase, cuantas veces sea necesario, quizá alguien voltee y me responda. Mientras me quedare en esta silla, me quedare escribiendo, hirviendo en tremendas historias incontables por el bien de los personajes que van y viene sin prisa, como si siempre actuaran para bien y la realidad es que no. Hay fuerzas que se resienten a salir porque el impacto causaría una destrucción incalculable, mi mente es un infierno, un cielo y tengo que optar porque mis manos y mi boca sean una tumba, por un momento detrás de esta pantalla traslucida encontraras una fracción de un ser compasivo y esperanzador, que en ocasiones se ausenta.


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