Ese despiadado hedor a sudor concentrado después de horas de trabajo, esos cabellos desalineados después de pasar horas atorado en el complicado tránsito, esos temores que vienen de repente porque no hay arrepentimiento ni intenciones de perdonar lo hecho y lo dicho, esos recuerdos que son gratos pero de forma agresiva quedan enterrados por el presente que está lleno de incertidumbre y solo se sostiene con esa fe, con esos textos del que se dice una sagrada escritura, tantas frases están ahí plasmadas para que el mundo este sereno como: amémonos unos a otros, pero realmente se ocupan a conveniencia y esto en la cotidianidad es ambiguo porque muchos rompen con núcleos, despedazan lazos e ignoran las buenas intenciones. Huele a muerto pero no ese olor que se nos viene a la cabeza al pensar en devastación, es un olor difícil de describir puesto que los que desprenden ese humor son personajes fuera de sus cabales, tienen el corazón herido, tienen rencores acumulados, tienden a creerse...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci