El humo llega hasta aquella habitación, donde regularmente te recuestas para esperar la hora exacta y comiences a recrear esa pasión que tanto extrañas y que tanto evitas porque tus miedos ahora son los guardaespaldas que tanto anhelabas. Aspiras el humo y identificas el olor, sales corriendo para ver como esa choza con todas tus excusas se queman y las cenizas se burlan de tus muecas de horror. No haces nada por combatir el fuego y regresas derrotado al firmamento de tus actos de soledad y satisfacción efímera, no tienes ganas de liberar la tensión y te resignas a que la tarde sea fúnebre y obscura. El aroma quedo impregnado en tus ropas, lloras por unos minutos, gritas malas palabras como si quisieras conversar con alguien, vas al espejo y observas tus ojos rojos e hinchados, no entienden quien pudo provocar el siniestro, te sientes vulnerables e intentas recordar todo el repertorio de pretextos que quedaron entre lo consumido. Tienes que luchar contra la pereza y sacar fuerza ...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci