Te comienzas a enfurecer por unos dichos que en ocasiones te han valido un bledo, nuevamente lees con cuidado aquel anuncio sarcástico que un sujeto ha escrito con tal de provocar una ruptura en todo lo que pretendías. Estrangulas aquella figurilla, tus manos sudan y no comprendes, porque eres objeto del ataque, pero en el fondo reconoces que no has sido una buena persona en los últimos diecisiete meses, que sigues corrompiendo los dichos y los deberes. Botón por botón ajustas esa camisa, te pones las mancuernillas, acomodas la corbata, te peinas como crees conveniente, tus tripas están retorcidas, tus ojos están rojos y tu mandíbula esta rígida, sigues sin entender como un texto puede salpicar un ciento de incomodidades y estropean una línea de serenidad. En aquella mesa redonda esta tu plato con unos trozos de fruta, te causan asco, en verdad que estas molesto por la imaginativa de un individuo que solo disfruta de una ficción que se acomoda a la realidad que construyes, que coinci...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci