Te escondes en una guarida y haces las reservas necesarias para no enfrentar la naturaleza del momento, no quieres saber nada del mundo, ni de sus pequeñeces, deseas ser diminuto para perderte entre los matorrales. Quisieras repetir diez mil veces el alfabeto y escribir en números romanos todas esas fechas que te han marcado para estar entretenido, olvidarte por un momento de lo que está pasando. Buscas esa fuerza interior que te de aliento y te haga estremecer en una solución rápida y eficaz, te mantienes suspendido en una habitación esperando que las golondrinas te traguen y así escapar por un rato del escenario de emociones intermitentes. Las cientos de felicitaciones no te dejaron ni cien gramos de esperanza porque insistes en quedarte atrapado en la tragedia, cuando a lo lejos está un calendario renovado con un manojo de planes por realizar, con demasiadas sonrisas que ofrecer, pero no quieres arriesgarte. En aquel sitio faltara el oxígeno y es cuando tendrás que abrir...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci