Algún día volverá la primavera.


La tormenta invernal cubre nuestros cuerpos al son de los vientos, nos congela hasta el espíritu, nos quita ese calor que conservamos para mitigar el nerviosismo. Un día te encuentras en un sitio y al otro despiertas en un punto desconocido, es un momento para responder con valentía y adaptarte a los retos para no caer en la toxicidad de nuestros días.

Debes buscar el abrigo de tus creencias, refugiarte en tus ancestros y esperar con cautela la reacción del mundo exterior, mientras tanto debes reacomodar en el interior ciertas especulaciones, responderte unas cuantas interrogantes, permanecer en una meditación constante para satisfacer de forma plena todo aquello que viene. Siente como la serenidad te cubre y de forma sabia te aconseja con ese susurro invernal, las horas pasan y vas observando como el horizonte es favorable para seguir con la travesía.  El volcán humea intensamente y es señal que todo fluye en un colosal argumento de la naturaleza, tu cuerpo tiembla pero vas generando el calor necesario para marchar por la vereda que tendrá muchas sorpresas.

El frio se impone y la resistencia es cómplice para no dejarte vencer en estas circunstancias adversas. El sol aparece y comienza a calentar lentamente todas tus extremidades y sientes un rescate repentino a lo que parecía algo trágico. El clima va mejorando y eso indica que habrá oportunidad de llegar puntual a la cita con el destino, los temores desaparecen y todo indica que las posibilidades son plenas para alcanzar el éxito en esta aventura.

No te quejes del frio, hay quien no tiene la dicha de sentirlo. No arruines tus pensamientos solo porque debes cargar una chamarra, un suéter o una bufanda, no te amargues porque tus pies permanecen congelados mientras tu cuerpo esta estático en ese espacio que es una fuente de creación. No te fastidies inventando panoramas tétricos. Toma una buena taza de café, concéntrate, pacifica tu alma, controla tus pensamientos negativos. Agradece por estar con vida, por tener la certeza que podrás ver nuevamente a tu familia y convivir sin restricciones. Que tu gratitud sea enorme para que todo permanezca como a ti te agrada, replica tus conceptos de bondad y no escatimes en procurar el bien. Revisa tu itinerario y quita cosas que te perturban, acomoda actividades que te hacen sentir feliz, entusiasta y útil. No te quejes del frio cuando sabes que es algo inevitable.

Algún día volverá la primavera y esos deliciosos helados. Los arboles tendrán la fortuna de mostrar sus nuevas hojas mientras las risas se hacen presentes. Por ahora hay que aprovechar el tiempo dando abrazos sinceros, entonar himnos en silencio que nos calmen y nos llenen de armonía. Apacigüemos todos esos ardientes infiernos que atropellan nuestra fortuna de alegrarnos, persigamos ese aroma a tranquilidad y establezcamos un cómodo lugar para entregar el corazón entre palabras y acciones. Seamos parte del invierno y generemos un racimo de momentos bondadosos y festivos que perduren en el recuerdo de nuestra amada existencia.

Asume tu papel en esta realidad. Compórtate como un ser privilegiado y conéctate al presente, alimenta todo lo que represente generosidad, que el frío no te paralice, que el frío no sea un factor de riesgo para fomentar la unión y el amor. Hay caminos que debemos andar, no importan las condiciones, hay que proseguir y llegar puntual. Toca tu pecho y sentirás un calor excepcional que te inspirara a disfrutar de  todo lo que acontezca sin hipocresías y sin miedos.

No desperdicies el momento, que tu estado de ánimo no dependa de los grados centígrados cuando tú eres una fábrica de calor espiritual incansable.

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