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Mostrando las entradas de marzo, 2017

Ahora que no estas.

Las luces se apagaron en aquella habitación donde tu alma tomo forma de mariposa y nos sorprendió una noche de abril quizá fue un aviso de serenidad y una oportunidad para comprender tu partida. Ahora que no estas puedes saber todo lo que pienso y siento, es una astuta trampa que tienen los que están más allá y no hay forma de escapar. Sé que has escuchado mis tantos suspiros al recordar todo lo que vivimos y regresar a aquellas pláticas interminables después de la hora de la comida. Hago un esfuerzo para recordar cada detalle de tus gestos que determinaban tus sentimientos. Ahora que no estas estoy seguro que nos hemos vuelto fuertes y reflexivos ante las circunstancias que se nos van presentando, ignorando lo que nos puede causar molestia y quedándonos con lo bueno que nos rodea. Nos hemos dado cuenta de quien realmente te hablo con honestidad y quien no cambio a pesar de tu hasta pronto. Hoy tenemos claros cuantos somos porque la bruma se ha calmado en estos caminos de sabi...

La vida no se resuelve con billetes.

Gracias por permanecer quietos sin hacer el menor movimiento para romper la mentada interacción con las redes sociales ahora sé que en un estado de alerta debo ser reciproco y no causara revuelo ni malos entendidos. Agradezco a todas las personas que estuvieron al pendiente por estos veintitantos días y por ir hasta aquel camellón a preguntarme como me sentía y los que no pudieron por sus múltiples actividades también los comprendo porque todo tiene un nivel de importancia. En cuestiones complicadas conoces la disponibilidad de las personas que te dicen te estiman y hacen un espacio para dar un abrazo, palabras de aliento o simplemente estar hombro a hombro. Las personas descifran lo que escribes y lo desmenuzan para encontrar el verdadero mensaje  de la realidad contundente. Los días nublados se terminan porque las nubes no pueden durar para siempre y los caminos se tienen que abrir con ese carisma y esa verdad imponente. Quien no se enteró en su momento ahora salen sobra...

Veintiocho mil ochocientos treinta y cinco días.

Nunca olvidare el día que todos me dijeron que nunca se marcharían. La casa quedo con las puertas abiertas y con esa paz que se percibe en el olor peculiar que emana la madera de las escaleras, ese comedor que ahora le sobran sillas, esa sala que parece esperar la bulla de toda esa gente que me cobijo con promesas que con los años se han ido degradando. Enciendo el televisor y veo la guerra entre los buenos y malos, los poderosos y los desprotegidos, los terroristas y los gobiernos descompuestos. La desgracia ha cubierto los escenarios coloridos y de esperanza. Entre todas esas guerras esta la mía. Mis manos arrugadas retocan este cuadro de flores ingenuas en busca de una efímera razón que las haga vivir mientras los bombardeos no cesan y la desolación alcanza la inocencia. Mis ojos cansados buscan con ansiedad esos muñecos de porcelana que parece me hablaran y  suplicaran mi atención pero es parte de los recuerdos que con el paso de los días son recurrentes y reflexivos, esa ...

Tragedias diminutas.

Estas en una sala de espera deseando que fuera un mal sueño pero es una realidad irremediable, escuchas historias dolorosas y con diagnósticos reservados. Habría que contar todas esas historias de temple, resignación, negación y esperanza, tendríamos que detenernos con pañuelo en mano para limpiarnos unas cuantas lágrimas y sacudirnos para poder pararnos del asiento porque después de esa tertulia de situaciones difíciles quedaríamos petrificados. Quizá no valoramos la vida como se debe, nos excedemos con aquello que pensamos no nos hará daño, jugamos con fuego cuando lo que deberíamos hacer es restringirnos para estar del lado del bien y dedicarnos a llevar una alimentación sana, no volvernos sedentarios, seguir las indicaciones médicas, tener fuerza de voluntad para estar con calidad pero en estos días lo que gana es la cantidad. Cuantas historias escuchamos en esos pasillos que no se desprenden de las vivencias, quedan atrapadas en cada rincón y se acumulan sin imaginar que pode...