El pastizal se está quemando y el humo nos irrita, estamos atrapados en medio de la carretera que no llevaría al paradisiaco destino donde nos hundiríamos en una discordia por saber donde ha quedado la honorabilidad de la elocuencia y la creatividad del deseo. Te observo distraído y te acomodas el sombrero que hace un par de kilómetros te compraste para lucir único e inigualable, sudas como si estuvieras huyendo y tomas mi mano en espera de que diga algo sensato ante la tragedia que nos sacude. Yo solo muevo la cabeza de un lado a otro en espera que el humo se desvanezca y podamos avanzar, la comezón nerviosa comienza a aparecer en mi espalda y el parpadear es constante, la desesperación comienza a nublarme las opciones para salir de ahí, la única alternativa es regresar y dejar para después lo que parecía la oportunidad precisa para desarticular mis intenciones de acabar con las simulaciones de un compromiso incomodo. Sí, ya no siento lo mismo, ya me aburrí de tu...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci