Humareda.
El pastizal se está
quemando y el humo nos irrita, estamos atrapados en medio de la carretera que
no llevaría al paradisiaco destino donde nos hundiríamos en una discordia por
saber donde ha quedado la honorabilidad de la elocuencia y la creatividad del deseo.
Te observo distraído y te acomodas el sombrero que hace un par de kilómetros te
compraste para lucir único e inigualable, sudas como si estuvieras huyendo y
tomas mi mano en espera de que diga algo sensato ante la tragedia que nos
sacude.
Yo solo muevo la
cabeza de un lado a otro en espera que el humo se desvanezca y podamos avanzar,
la comezón nerviosa comienza a aparecer en mi espalda y el parpadear es
constante, la desesperación comienza a nublarme las opciones para salir de ahí,
la única alternativa es regresar y dejar para después lo que parecía la
oportunidad precisa para desarticular mis intenciones de acabar con las
simulaciones de un compromiso incomodo. Sí, ya no siento
lo mismo, ya me aburrí de tus tormentas melancólicas, de tus caprichos exóticos,
de tus enredos estrafalarios, de esos comentarios que solo me hacen dudar, no
quiero terminar en un estado de desamor e improvisación, quería llevarte al
lugar donde alguna vez me dijiste una historia que creí verdadera y resulto ser
la clásica secuencia de una minuciosa interrogante desgastada.
No todo era perfecto,
el infierno te alcanzo cuando descubrí que eras una calca de los fantasmas del
pasado que todavía me asustan por las noches y me hacen tener pesadillas, que
bonito perfil tienes, que piel tan suave, que bella sonrisa, pero no es
suficiente, quiero tener la seguridad de que no serás un calvario y una carga
para mis tantos caminos fragmentados. La humareda no permitirá terminar con el
plan que por meses había pensado, es momento de meter reversa y cambiar de destino,
llegar a lo que dices es un nido de ternura y paz, aguantar el ladrido de los
perros y esperar a que solo me digas cuanto me necesitas.
Aborrezco esos besos
que me das en el cuello, ese aroma tan dulce y tus gestos de desaprobación
cuando te niego algo, me tienes atrapado, me tienes contenido en una confusión que
va de extremo a extremo, ya no puedo más, es momento de que te quedes en un
sitio obscuro mientras me alejo, te olvide y me vaya despacio, quiero llorar,
quiero sentirme libre, romper las promesas y sentirme en esa felicidad que
tanto he anhelado. No te necesito, no eres indispensable, el humo poco a poco va
desapareciendo mientras con un paño húmedo me limpias la frente, han pasado
cuarenta cinco minutos y lo único que quiero es arrancar y hacer efectivo mi
boleto a la serenidad.
Ya no hay rastro de
humo, retomo el camino, buscando el siguiente retorno. Se que te sorprenderás,
pero no importa si es aquí o allá, te daré las gracias por haber estado en mi
vida, te pediré que te vayas, lloraras a manera de chantaje, pero nada funcionara,
está decidido y no habrá poder humano que me haga cambiar de opinión, festejare,
saltare, me encargare de que mi sonrisa sea visible, no quiero arruinarme la existencia
con alguien que dependa de todo lo que hago y todo lo que sueño, quiero que
vueles y te atrevas a vivir, eso es lo que quiero ahora mismo. De reojo te veo
pensativo como si supieras de mis negras intenciones mientras doy vuelta en el
retorno, siento como tu mirada se clava en mi rostro, pero no hay vuelta atrás,
quizá pienses que es una de mis locuras y efectivamente has adivinado, es esa
humareda interior que me tiene cansado.
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