Ejercer compasión.

 

Pues no se cumple la máxima de puertas abiertas y oídos atentos, eso es una farsa del tamaño del universo, es una gran incongruencia que ronda los minutos de la espera que dedico a alguien que al final no me atenderá, sus ocupaciones y percepciones no le permite otorgarme cinco minutos para saludar y expresar lo que viene en camino, al final no dejas el porcentaje que otros generan, eres parte de una planilla que debe dedicarse a sumar y reflejar resultados, no hay un interés en saber que es lo que te traes entre manos, no tienes pedestal en este santuario, hecho a la medida para todos aquellos que ponen alfombras y dicen frases rimbombantes.

Es la cruel realidad de una metodología que resulta ser mecánica y matemática, aquí no hay reconocimiento y a pesar de los esfuerzos no voltean a verte, prefieren involucrar a los que llevan menos tiempo en el proceso, les dan de esas mieles para que se empalaguen y puedan ser manipulables, es un circulo que es amplio y repetitivo, es una grotesca barbarie de poder y dinero que aplasta lo humano, que no da cabida a forjar una conversación grata y eficiente, si no traes números, no tienes la oportunidad de brillar y exponer lo que piensas, esas puertas abiertas se cierran en automático con otros temas que parecen más relevantes.

No hay tiempo, deben redactar correos que convenzan, deben medir las palabras a  para amortiguar riesgos, hay que llegar puntual a la junta para que digan que están en sintonía, no hay cinco minutos para ti y tus inquietudes, tus asuntos se verán después, cuando las tensiones se hayan diluido, cuando no haya otra cosa que hacer, es ahí cuando tienes espacio y chance de platicar con soltura y serenidad, hoy no es ese día, entonces resígnate a tener charlas superfluas y que no tiene un argumento capaz de mantenerse en el tiempo, seguirás escuchando esas historias que quizá no tiene ni pies ni cabeza, pero tú tampoco sabes que es verdad y que es mentira.  

La atmosfera es densa y rutinaria, no hay motivos para seguir esperando, es mejor marcharse con las buenas intenciones con las que llegaste, es preferible retirarse y continuar buscando a quien venderle, a quien convencer y a quien satisfacer sus necesidades. Uno no merece este trato, no debe ser permisible, es aquí cuando las máscaras caen y se vislumbra lo que mueve esos corazones llenos de prisa y esos bolsillos pesados que no tiene llenadera. Es increíble como las personas se duermen en un recipiente imaginario lleno de bondades inciertas y halagos endebles, ya no tienen tiempo para los detalles, para lo que consideran pequeño e irrelevante, se pavonean con una imagen de ser superiores simplemente por la jerarquía de un organigrama. No hay interés por los individuos, solo quieren que produzcan ganancias inmensas, que pongan números a la estadística, no hay lugar para romper los altos muros de hielo, que han puesto en jaque la comunicación individual y organizacional, cada uno entiende lo que quiere y por eso que todos hacen lo que les da la regalada gana.

Una oficina con puertas abiertas y una sala de juntas repleta de enigmas, preocupaciones y diálogos que persisten en una incertidumbre que carcome a todos. No hubo cinco minutos para entablar una amena conversación donde solo se hablaría de proyectos y de una sincera felicitación por el fin de año, nada de eso existió, porque hay cuestiones prioritarias que atender, te tienes que ir porque sabes que es lo sensato.

En fin, la vida sigue y debes valorarte mucho y quererte demasiado recordando que debes de ejercer compasión por esas actitudes desbridas y lúgubres.

 

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