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Mostrando las entradas de junio, 2020

Llegaran otros sismos y otras tormentas.

Cuando cae una tormenta, cuando nos sorprende un sismo, es ahí cuando aparecen los perdidos, esos seres que no recuerdan a las personas en la cotidianidad y solo cuando los riesgos son mayúsculos. Me gustaría que supieras como me siento después de estos tres meses, pero no eres acreedor a mi confianza, quizá porque tu falta de tacto y disposición son nulas, quizá soy responsable y también tengo la opción de buscarte, pero no me da la gana, porque no me inspiras familiaridad. Entonces después de la calamidad, haces todo lo necesario para hacerte presente y te contesto lo que solicitas saber, así de simple, para que profundizar, para que darte detalles de mi aventura en esta burbuja de confusiones, informaciones y resoluciones. He sido indiferente, porque no hay recursos en los que podamos armar una balsa y andar juntos para afrontar las corrientes, cada quien ha buscado su espiritualidad, despertado su rebeldía y al final cada quien se extravía en sus divertimentos clandestinos. H...

Ciego y sordomudo.

No he podido salir porque la lluvia de incertidumbre no se detiene y los charcos son un peligro inminente. El atrevimiento de convivir sin los cuidados necesarios y compartir gérmenes, bacterias y virus, son escenas que se repiten minuto a minuto, si esto continua, habrá millones de fosas con sueños cortados e historias inconclusas. La necedad de compartir es una ironía, cuando muchos eran egoístas antes de esta tragedia y seguirán siéndolo después de ella, porque solo les importa su descendencia y su amor que no puede esperar, porque piensan que el tiempo puede terminarse, siguen las ironías y quien ha incumplido se hace el ciego y el sordomudo. Los irresponsables se ofenden o solo se pierden entre unas risas que en el fondo llevan el mensaje: de que les importa. Realmente importa porque gracias a las acciones estúpidas, de reunirse, de convivir, estamos expuestos en un campo con bombas que estallaran sin darnos cuenta, dejándonos lastimados y con un boleto seguro de no regres...

Carniceros.

Los días son estrofas de un himno que no tiene sentido, porque nos da calor, despertamos tarde, nos quedamos nostálgicos al mirar las nubes, posamos en todos los muebles posibles, escuchamos los ruidos de la calle y nada nos satisface. El insomnio revienta nuestro plan de pasearnos en las olas, dejándonos en la orilla de una pesadilla, es complejo cerrar los ojos ante la atmósfera  bochornosa y los estallidos de ideas sin una corriente dispuesta a romper los dichos en los que se basan los de la verdad y mentira absoluta. Nos hemos vuelto carniceros de nuestro tiempo, ya no nos asquea el olor a sangre, ya no le tememos al rojo, el destazar figuras deformes formadas por pensamientos bondadosos es una obligación ante las presiones del mundo, el tronar los huesos de lo que creemos una estructura firme es una competencia insensata, los lamentos se convierten en una melodía repetitiva y que nos afianza en los charcos de pocas ilusiones sinceras. Esa carne, es lo abstracto que lleva...

Hay indicios.

Hay indicios contundentes que expresan que los gobernantes, el pueblo y los métodos no funcionaron, ahora todo está en llamas, las quejas se van acumulado, el hartazgo sube como la espuma, la critica es ácida  y los temores provocan una estampida. El cautiverio se ha convertido en uno modus vivendi, que nos acerca a lo que tratábamos de desconocer, pero la realidad nos empuja al grado de quedarnos extraviados entre las razones y las invasiones. Esporádicamente llega la ansiedad, el hormigueo envuelve mi cuerpo, lo somete a ideas apocalípticas, mis músculos se tensan y la mirada se nubla, las historias que están en la mente se revuelven y se transforman en otras, mis sueños han sido raros y los rayos de la luna tratan de comunicarme algo. Tan majestuosa tentación, es la de salir corriendo y no tener las precauciones debidas, pero pienso que hay argumentos que me atan y me abofetean para quedarme quieto entre las paredes que quizá ya se hartaron de mi presencia. Todos los días ...