Hay indicios.
Hay indicios contundentes
que expresan que los gobernantes, el pueblo y los métodos no funcionaron, ahora
todo está en llamas, las quejas se van acumulado, el hartazgo sube como la
espuma, la critica es ácida y los temores provocan una estampida. El cautiverio
se ha convertido en uno modus vivendi, que nos acerca a lo que tratábamos de
desconocer, pero la realidad nos empuja al grado de quedarnos extraviados entre
las razones y las invasiones.
Esporádicamente llega
la ansiedad, el hormigueo envuelve mi cuerpo, lo somete a ideas apocalípticas,
mis músculos se tensan y la mirada se nubla, las historias que están en la
mente se revuelven y se transforman en otras, mis sueños han sido raros y los
rayos de la luna tratan de comunicarme algo. Tan majestuosa tentación, es la de
salir corriendo y no tener las precauciones debidas, pero pienso que hay
argumentos que me atan y me abofetean para quedarme quieto entre las paredes que
quizá ya se hartaron de mi presencia. Todos los días parecen domingos y eso me
acelera el corazón, creo que lloverá, el viento asusta el canto de los pájaros y
el silencio es profundo.
Comienzo aborrecer
las tardes de ocio. No es grato sentirse ahogado en un espacio donde el aire
pasa sin limitaciones, no es factible que me desconecte del mundo cuando la
incertidumbre es un ingrediente que sea vuelto indispensable, mis pretensiones
son arrebatadas por las noticias que nos dejan con un semblante incrédulo. Las almohadas
ya no soportan todos esos pesados pensamientos y en mi imaginación observo como
me apalean para no producir escenarios imprudentes, innecesarios y sofisticados.
La desesperación tiene en suspenso el armado de un rompecabezas, la finalización
de un cuento y contribuye a la búsqueda constaste de una explicación a la incongruencia
de algunos que no confían en nadie.
Las ventajas de este
episodio, es que te das cuenta de los seres que solo aparecen cuando necesitan algo,
que solo quieren saber cierta información o que solo se hacen presentes para
molestar, concluyes que tienes la capacidad de alimentarte bien, de mantener nulo
contacto con otros y que tu no eres el problema de muchos dilemas. Todavía queda
tiempo para que deseches, eso que te tiene a la deriva, es momento para romper
el cristal y salgas de eso que tanto te hace sufrir, es idóneo que lo hagas
ahora para que descanses plenamente. Enamórate
de ti, así como lo hacer con ese ejercito que dices que te persigue, amate de
manera prospera y consiente, expande tu mente y explora cada parte de tus múltiples
mundos y placeres.
Hay indicios que
implican las emociones y sentimientos en un vertiginoso espectáculo. No desatiendas
lo importante, no te quedes en esos malos hábitos, no te ilusiones en volver
con prontitud a lo que necesitas para satisfacer tus huecos, espera y pon atención
a cada renglón, a cada palabra, a cada gesto y encuentra las advertencias. No suspires
por ese amor que se fue, mejor convive con las enredaderas que llevas en el
interior y sostente de esas experiencias gratas. No es momento para buscar
culpables, es un instante de ser responsable con lo que nos corresponde.
Compórtate a la altura de las circunstancias. En la primera oportunidad vuelve a los sitios donde has muerto a carcajadas, halla a las personas que no te han dejado en medio de las erupciones y desde ahora dedica minutos para dejar ir y fluye en lo que en verdad quieres para ti.
Si has visto humo es porque en tu ser han existido
incendios, ese fuego que te mantiene vivo, es lo que te hace despertar y
sentir.
Comentarios
Publicar un comentario