No permitas que alguien te violente.
Somos parte de una descomposición
sistemática, que va rodando hasta encontrar un abismo. Las acciones ríspidas nacen
del alma como consecuencia del hartazgo y la inmovilidad de los que pretenden
transformar y solo se la pasan entre mañanas frías y ambiguas. Engendramos insultos y somos parte de ellos,
como si fuera la encomienda para lograr un cierto cambio a los argumentos
desgastados.
Ignoran lo que pasa,
es por eso que hay que hacer visible la desesperación y el desagrado, el
silencio ya no funciona, los monumentos son y serán testigos de la incompetencia,
mientras la violencia no se detiene y hace que las estadísticas sean indescriptibles. Es necesario hacer ruido para que esas miradas
perdidas volteen a la realidad de algo que va escalando. Los destrozos son
severos pero las hay cuestiones irreparables que buscan justicia, explicación,
paz. La violencia ha carcomido lo bueno que quedaba y ahora deben existir
luchas incansables para que los sordos por conveniencia, escuchen con atención.
No dividamos los
esfuerzos cuando hay que solidificarlos para hacer una maquinaria que derribe esos
muros llenos de observadores con atole en las venas, esos seres paralizados por
un poder que debería servir para encaminar una comprensión practica y que
satisfaga a la incertidumbre inquieta. Seguiremos viendo las paredes manchadas
con consignas que hacen tambalear sillas, veremos cómo esas palabras retumban y
tratan de ser contenidas en un espacio diminuto donde los otros datos son
gigantescos. Veremos como las bardas estarán repletas de improperios debido a
la nula eficacia de los que están cruzados de brazos esperando las llamas se
apaguen con solo soplar.
La violencia en
todos sus renglones debe ser atendida. Debemos hacernos responsables como sociedad
y excavar hasta llegar a nuestras raíces
y reflexionar cuales son las actitudes que hemos replicado y que solo generan
rudeza. Analicemos nuestra forma de actuar y comencemos por cambiar. Lamentémonos
por esas vidas que se han perdido a causa de actos violentos y no solo nos quedemos
contemplando, hagamos algo para que el trayecto sea distinto, comencemos desde
nuestros aposentos y compongamos el camino para evitar a toda costa las
asperezas que nos distancian, nos dividen, nos ahogan y que nos matan.
Los vidrios rotos,
las paredes pintadas, los escombros, ya no estarán al otro día, como un milagro
todo volverá como debe de ser, pero hablando de las víctimas de violencia,
ellos quedan marcados, ellos necesitas ser escuchados, ellos quieren recobrar
la confianza, ellos necesitan tiempo para integrarse al mundo. Lo material se
puede restauran de un día a otro, una vida que ha sido ultrajada, necesita amor,
comprensión, apoyo, constancia y fortaleza para volver a salir y emprender
sueños.
Esas paredes son espacios
donde la libertad de expresión emerge, donde queda perpetuado al arrojo de los que han
vivido la violencia en carne propia, mientras otros miran y hacen duras
criticas pues quizá están resguardados en un frasco, pero hay que tener en cuenta que al
menor movimiento ese recipiente puede caer y convertirse en añicos. La empatía sigue
sin aparecer porque el egoísmo es un estandarte inmaculado que se defiende sin
temor y sin vergüenza.
La araña va tejiendo
su telaraña donde quedamos atrapados y donde no hacemos nada por escapar. El látigo
de la violencia nos alcanzara a todos, dejar que solo algunos estén moviendo los
hilos de la realidad, no está funcionando, por eso hay que manifestarnos, hay
que expresarnos y hay que ser insaciables al momento de debatir.
No permitas que alguien te violente. Si estás viviendo un infierno no lo justifiques por simplemente
tener paz, sabes que algo no está bien entonces actúa por el amor que te tienes
y date cuenta de todo lo que vales, comienza hacer ruido, porque en ocasiones
el silencio no sirve de mucho.
¿Por qué callar si
nacimos gritando?
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