Nocaut.

 

La eterna y errónea creencia que las relaciones humanas perduraran simplemente por que las damos por hecho, pero sin cultivar todo se termina, todo se apaga. Recuerdo que después de ir al box, aquel peleador apaleado, pero ganador por decisión unánime, despotrico tanto, que de un solo golpe acabo con sus máximos seguidores, se quedo solo, sin capacidad para reaccionar, todo pareció una pelea arreglada, aunque hubo quien persistió en el tiempo y siguió creyendo en él, quizá porque necesita de esas obscuras amistades para poder levantar una bandera de bondad. Golpes, arrebatos, gritos se vivieron aquella noche, donde la trifulca brillo en su máximo esplendor, la única salida fue la huida y lo demás cada uno lo cuenta como le conviene.

Lo que se escuchó en ese lapso fue contundente y lo que se dijo meses después termino por lapidar todo. Según esto, todo fue un show implementado para terminar con su felicidad, quiso enredar al grado de que los malos fueran sus salvadores y después las perspectivas más horrendas salieron de esa boca, habrá quien no escucho los improperios, quizá por eso no cree, piensa que todo es inventiva, pero la verdad es que las palabras una a una iban formando un concepto negro, pero hay ingenuos que no se percataron y que siguen cegados, pregonan su pericia para mantenerse presentes a pesar de todo, si supieras no te quedarían ganas de continuar forjando una relación sin futuro.

Después de tantos años y que muchos lo celebran como aniversario, como si fuera un día glorioso, creyendo que causa gracia, cuando fue una noche donde se dejo al descubierto quien es quien, y quien todavía persiste con fortaleza y constancia hasta este viernes, eso es lo que deberíamos festejar y exponer, no ese día que solo exhibió amargura, estupidez e incoherencia. Hay quien con mucha fe recuerda al peleador, lo conserva en su lista de amigos, aunque eso está a debate, pero bueno es parte de la felicidad de alguien que cree una sonrisa ya representa la eternidad.  Las cosas no funcionan así, pero cada uno tiene su manera de explayarse en este espacio de diversidad y de verdades inevitables.

De aquella noche solo queda, que hay peleadores buenos y malos, que todo puede ser tan ruin en un cuadrilátero, que los espectadores se quedan con lo que les hace sentir satisfacción, que si armamos el rompecabezas de ese efímero escape comprenderíamos tantas cuestiones, pero no nos damos tiempo ni para darnos los buenos días de una forma sincera menos tendremos minutos para desdoblar aquel pergamino de hechos irrefutables y momentos icónicos. Ahora lo tomo como una anécdota, hay quien como siempre huyo del final de esas horas de angustia, discusión y alboroto, es un modus operandi perfecto para solo estar en los momentos de fiesta, no olvido quien estuvo atento todo el tiempo del desarrollo de los acontecimientos, al final fuimos villanos, quizá por eso insistes en ser amigable con esa parte ríspida y despreciable, reitero no debería ser así, pero cada quien tiene sus formas de construir mundos y relaciones.

Un gancho al hígado. Si eso fue y es cuando reaccionamos y nos percatamos de que todos tiene una careta protectora que cae cuando se sienten vulnerables o cuando deciden afrontar la verdad, son peleas que llegan con el tiempo, peleas internas en el pensamiento, esos dimes y diretes que causan nocaut sin aviso, así son esos instantes donde se vaga con una sintonía risueña poco creíble. La sangre brota y esparce por toda la lona y es así como sabemos que el fin ha llegado y el publico se ha marchado para darnos cuenta de que compraron un boleto para vernos, pero no para estar con nosotros.

 

 

 

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