La tragedia.
El humo llega hasta aquella
habitación, donde regularmente te recuestas para esperar la hora exacta y
comiences a recrear esa pasión que tanto extrañas y que tanto evitas porque tus
miedos ahora son los guardaespaldas que tanto anhelabas. Aspiras el humo y identificas
el olor, sales corriendo para ver como esa choza con todas tus excusas se queman
y las cenizas se burlan de tus muecas de horror. No haces nada por combatir el fuego
y regresas derrotado al firmamento de tus actos de soledad y satisfacción efímera,
no tienes ganas de liberar la tensión y te resignas a que la tarde sea fúnebre y
obscura.
El aroma quedo impregnado
en tus ropas, lloras por unos minutos, gritas malas palabras como si quisieras conversar
con alguien, vas al espejo y observas tus ojos rojos e hinchados, no entienden
quien pudo provocar el siniestro, te sientes vulnerables e intentas recordar
todo el repertorio de pretextos que quedaron entre lo consumido. Tienes que
luchar contra la pereza y sacar fuerza de esas razones adormiladas, construir
un nuevo almacén, para empezar a acumular tus tantas gracias, incontables perversiones
y una serie de grandes excusas.
Ahora tendrás que
levantarte muy temprano, decretar cosas que tenias en el olvido, prosperar con
pensamientos que deben ser constantes, omitir la discordia mientras planeas
aquel escondite, estructurar tus diálogos y callar como ya es costumbre, porque
para ti eso es ignorar. Te sorprenderán las noches, pero tendrás una grata sonrisa,
que hará el cansancio esta muy lejos de tus músculos adoloridos y tus manos
lastimadas. Disfrutaras cada sorbo de
agua como si fuera fabricada a base de cebada y no harás caso de todo lo que
dicen, tu seguirás construyendo esa bodega, para emprender una nueva aventura
de quietud y escasas buenas intenciones.
El objetivo es que
no quede rastro de lo que fue la tragedia. Esas cenizas serán el abono ideal
para que nazcan hierbas indescriptibles, que le darán vida al panorama que se
concentra en la desolación. Habrá compasión por parte de la naturaleza y eso te
hará sentir feliz. Quieres volver para que tu risa burlona se quede en la mente
de todo aquel que te rodea, que tus mentiras sean una verdad que invada la
realidad de los demás, que tus intensidades se queden en tu interior como una
especie de carburador y así lograr un personaje que caiga bien a todos. Esa formula
que siempre te funciona y te tiene en una órbita alejada pero presente, eso te
hace sentir valorado y querido, eso es una constante que te hace sentir seguro.
En la transitada
calle, escuchas una fiesta, con juegos artificiales y un bullicio estremecedor.
Quisieras estar ahí, pero debes seguir construyendo esa fortaleza de todas tus
descompuestas emociones, tienes la obligación de tener un bunker donde guardes
todo para no compartir, tienes que cumplir con lo establecido para sentirte
consagrado y útil. Las luces hacen que te ilusiones con la idea que vendrán buenos
tiempos, que serás aceptado con todas tus manías y que te tendrán plena confianza
para un sinfín de confesiones.
Los perros comienzan
a ladrar por el estruendo del festejo. Corres para acercarte y percibir la alegría
de la gente, sonríes, brincas, forjas un monologo con preguntas y respuestas. Miras
el cielo para ver los colores de aquellos artificios que expiden un olor
intenso a pólvora y las chispas van cayendo en tu jardín seco y nuevamente un
incendio comienza sin control, ahora si corres para detener las llamas, pero no
es suficiente, el fuego se extiende hasta lo poco o mucho que has construido. Comprendes
que es una señal.
En la vida hay que
quitar lo que estorba, desprenderse de la terquedad y tomar otros caminos cuando
es necesario.
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