El centro de la existencia.
Estas fuera de la órbita que te corresponde, quieres conquistar otros universos, quieres expandir
la paciencia lo más que se pueda, pero tienes miedo que uno de esos jaloneos se
rompa. Tienes una encomienda urgente que
debes de cumplir con esos deseos que se desbordan, con el son de tus pasos, con
esas palabras sensatas, con la desesperación que te causa la quietud de un puñado
que crees ignorantes.
Intentas romper todas
las barreras que te has impuesto por simple gusto, sospechas que la vida ha
vuelto, quieres priorizar esas opiniones que alguna vez hiciste trizas, despiertas
con una sensación extraña, que te impulsa a recordar los pendientes, las
excusas, las groserías, los atrevimientos y sales corriendo a respirar el aire
con partículas de añoranza y observas esas fotografías que han dejado huella en el camino imperdible que has recorrido.
Rompes las leyes que
has creado, los estatutos los haces añicos y quieres regresar a los puntos donde
el alma ha estado blanda y el corazón susceptible, pero sabes que eso es
complicado y prefieres sentarte a observar la nubosidad y jugar con las
criaturas que al verte hacen una fiesta irreconocible, piensas que debes
comenzar por desarrugar los argumentos, desempolvar la humildad, reafirmar las
marcas del lado obscuro y gozar cada momento. El dinero no comprara la
serenidad que anhelas, no hará que por paquetería te llegue el talento, no será
posible que unas cuantas monedas, te conecten con el interior, eso se logra reconociendo
y aceptando lo cruel que has sido y lo intolerante que sigues siendo.
El alejarte de
ciertos escenarios, no te hará mejor persona, quizá te sometas a ejercicios
sofocantes de autocrítica, pero si no quieres, te mantendrás en los mis
cimientos, diciendo y haciendo lo mismo. No prometas lo que no vas a cumplir,
no finjas felicidad, cuando la tristeza te ha tomado por sorpresa, no quieras
mandar todo por la borda, cuando sabes que tienes muchas situaciones por
concluir, no te engañes con esas oraciones a medias, con esos mensajes sin profundidad.
Eres tan sabio que sabes cuales son los remedios para esos dolores silenciosos
y ese tartamudear apabullante, has pasado, por tanto, que no puedes quedarte
sin curación.
No seas un fragmento
sin sitio, no fomentes el miedo, no muerdas la soga, porque no se romperá. No despilfarres
el ingenio con tal de practicar el ocio, no invadas la tranquilidad de otros,
solo por romper la burbuja hostil que te está tragando, no asustes al tiempo
con pensamientos ingratos. Si las molestias persisten consulta el extenso
camino, si no hay solución para alguna de tus múltiples quejas, entonces duerme
y regenera tus células. Escuchas un chiflido que te inquieta, pues es tu válvula
de escape y en este instante debes regular tu estado de ánimo.
Explora todos los rincones,
expulsa todos esos malos hábitos, busca las llaves, escribe una carta, relata
una historia que no has vivido, confunde a la memoria con datos imprecisos, sostén
ese trozo de paz y juega sin temor, desnuda tus pies y descubre la frialdad del
corredor, grita unas cuantas palabras sin sentido, abre todos los cajones y observa
el desorden, pasa tus dedos por aquel mueble y limpia el polvo, pon una melodía
que te saque del trance e incorpora la vista al ventanal que tendrá alguna
señal, que debes descifrar.
La encomienda es una
incógnita y aprietas los dientes para aguantar el ardor de tus pensamientos obscenos
y bárbaros, abres la puerta y descubres una luz intensa, sientes que te vas a
desmayar, sudas sin control, te invaden unos calambres incesantes, te quedas
paralizado ante una infinidad de imágenes que te hacen flotar, todo dura unos
segundos, recobras el conocimiento y no te ves, no estas, nadie te puede ver,
te encuentras extraviado en el centro de la existencia y quizá puedas regresar
hasta el próximo amanecer.
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