No te importan muchas cosas.
Una invasión de desolación
recorre cada cuadro de la existencia. Los necios están esperando la muerte en
medio de una trifulca de ideologías que solo corrompen la serenidad, los tercos
están en las calles desestimando lo que dicen los expertos y los consientes
solo están atentos, para cuando abran los portales, salir corriendo. Un salto
incomprensible revienta las estadísticas y los ánimos son confusos entre alaridos
de triunfo y gritos de decepción. El encierro se prolongará porque no hay suficiente
miedo en aquellos atrevidos, crees que no te ven, pero estas vigilado y hasta
se sabe que haces entre esas cuatro paredes, están enterados de todo lo que
consumes y piensas, estas acorralado y no puedes alarmarte cuando dicen que todo
esté bajo control.
Encuentras motivos en
una sonrisa, que te deshace con tan solo mirarla. Es momento par que hagas un
resumen de lo que te mueve, de lo que quieres y de lo puedes lograr, no dejes pasar
el tiempo como si este fuera retornable, no permitas que el aislamiento te
vuelva en una guerra de emociones innecesarias, resuelve las dudas, quédate con
esa quietud que tanto anhelabas y después tira todo eso que no te llena y que
te deja huecos insoportables. Si las conspiraciones existen, que sea para que
despiertes y actúes, si tus demonios debaten y tus esperanzas te condenan, quizá
sea para que te conviertas en una mejor persona, quizá ahí están las repuestas
atrapadas y los veredictos a todas esas acciones que te ha dejado lastimado y a
su vez fuerte.
No te importan
muchas cosas. La escasez de empatía es un signo de superioridad, puedes
corregir ese escalofriante factor, que te vuelve en un inmenso absurdo de la estupidez,
en un costal sin fondo donde se van acumulando los supuestos que dan como resultado
un mundo dizque perfecto. No ignores lo que te corresponde analizar, no evadas
lo que mereces, reconoce la inestabilidad en la que en ocasiones te estancas y
escuchas algunos perros ladrar como señal de que vas pasando. Lo abstracto es
lo que te convierte en un cansado esclavo, ya estas acostumbrado a las cadenas
y te has adaptado, al grado de no sentir dolor, de perder tu sensibilidad ante
las escenas de sufrimiento, simplemente porque estas cómodo con lo que tienes y
sabes como afrontar lo que va apareciendo en el camino, no hay nada nuevo.
El mundo no se va
acabar. La gente continuara con sus planes, las estrategias tendrán sus rezagos,
los discursos se mantendrán con alentadoras cifras, los personajes se moldearán
a las circunstancias, los rumores se harán realidad y los golpes dejar daños
que perduraran en la historia. Mientras tanto deberás recurrir a la reflexión
que desgarrara todo lo que este a su paso, entre el polvo y los recuerdos habrá
algo que nos impulse y que nos saque a flote. La invasión es inminente y solo
espero a que todos se resguarden en sus espantos, en sus alacenas repletas de
comida chatarra y en sus desconsiderados pensamientos que entierran todo lo que
sigue con vida en medio de una catarsis obligatoria.
Los gatos juegan con
la madeja de tus párrafos inconclusos, comienzas a correr por los metros
cuadrados de tu trinchera, pero no hay escapatoria, caerás rendido ante la insistencia
y quedaras perplejo al ver como las hilachas te transportan a lo que creíste
resuelto. Volverá a la agitada mente esa sonrisa que te conmueve y te pasma, puede
que sea el futuro disfrazado y pretende liberarte antes de tiempo, pero debes
improvisar como forma de salvación, una indiferencia ingenua, para ser parte de
la desolación solo por un momento.
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