Vitalidad.

 

No aguantas la ira que te provoca ese ser, que se distingue por ser monumental ante los ojos de los demás, no soportas sus actitudes que te hacen añicos y su indiferencia nutre la confusión. Vas arrastrando ese costal con un ciento de objetos obsoletos y objetivos truncados, solo te queda el tiempo y aquella vitalidad que te mantiene enfocado en la venganza, en la estrategia, en el dolor que quieres causar, no te puedes quitar de la cabeza la traición y la falta de respeto, es el tanque de oxigeno que cargas a todos lados, es lo que te hace esperar para dar la puñalada que deje un precedente de que eres intocable.

Es un pensamiento tan vital, que no paras de mover las piezas, buscas todos los mecanismos para estar atento y eso te va desgastando al grado de perderte en un túnel lleno de fango, has afinado de manera progresiva la fachada para que todos se queden con la impresión de que la perfección puede ser posible, pero es un vil engaño que se va desmoronando con esas palabras agresivas que se escuchan en el corazón que se acelera cada vez que vuelves al ruedo de la planeación de la estocada final. Que triste es vivir en esa decadencia, en esa incertidumbre, en esa genuina comodidad, en esos entretenimientos efímeros, las horas pasan y los días transcurren sin que haya oportunidad para el ataque, sigues actuando como un santo y en el fondo eres un demonio que hace lo que no le gusta que le hagan, eres un sarcasmo hecho realidad, hasta ahora has ocultado muy bien los indicios de cinismo y fatalidad, pero la estructura de aquel cuento es frágil y poco creíble.

Vitalidad desperdiciada en protagonizar batallas que en otras ocasiones has perdido, no tienes argumentos que te hagan sobresalir en un mundo donde no hay forma de que mandes y gobiernes, estas pisoteado y sometido a situaciones que hace décadas no permitirás, pero no te queda de otra que aguantar y seguir persiguiendo que esos sueños se conviertan en una opción viable para triunfar como según te mereces. Careces de flexibilidad y de empatía, prefieres quejarte a elegir una plática profunda, duermes hasta que el reloj indica que es la hora de almorzar de muchos, no te apiadas y haces pequeños esfuerzos para sostener la balsa que te ha trasportado hasta esta fecha.

La intuición ya te está fallando, vives paniqueado, vives a la defensiva, ya no eres el mismo, ya no ejerces el amor como hace años, ya no tienes detalles, se te ha olivado el manual de la cortesía, el silencio es el mejor aliado que has encontrado en un camino sinuoso y repleto de gestos monstruosos. Ahora eres un príncipe sin armadura, sin el azul característico, si la más mínima intención de impresionar, eres un ente que requiere volver a las raíces, pero no sabes de que manera.

Es vital que te mantengas de pie y sigas hasta las ultimas consecuencias, solo así estarás en paz y podrás sonreír de una forma ejemplar, pero el miedo te tiene atado, sigues la minuta sin hacer pausas, no chistas y vas cabizbajo pensando que el día de la gran venganza llegará, pero quien sabe si eso ocurra la vida da sorpresas, da golpes bajos, da oportunidades para cambiar drásticamente, nadie sabe lo que vendrá. Por ahora solo te queda limpiar, ordenar, sugerir, interpretar, leer, escuchar, concretar y reír antes de llorar.

Solo queda ver esa pared mal pintada e imaginar que es la puerta de escape para asegurar la vitalidad que es inagotable y que te ha resguardado del peligro y de las malas decisiones, pero te ha permitido vivir en la ira y el deseo de venganza.

 

 

 

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