Advertencia.

Me han vuelto a cambiar los planes y lo tomo como una advertencia llena de caprichos y de insensibilidad al tiempo, es una falta de respeto y una necesidad de fabricar momentos que no tienen un objetivo claro, la mente maestra de todos estos desajustes se la vive inundada de inconvenientes y cuanto observa un destello de atención se filtra para querer organizar algo que no es propicio. Dice una cosa y hace otra, es una lamentable inercia que termina comprometiendo a los que desde el principio se negaron, la advertencia se ha concretado para volverse realidad y en una obligación sin escape. Es un deseo de pertenecer por un momento a la felicidad que no se procura, que no se cultiva, que es inestable y alucinante cuando se trata de terquedad y fijación, no quedara más remedio que cumplir el antojo de vivir en una burbuja llena de lo mismo.  

Tendré que cambiar aquella reunión para el domingo, la visita pendiente tendrá que persistir en mi agenda, buscare un buen asiento para llegar al destino que eligieron, no abusare en los cambios de ropa, llevare una vestimenta cómoda y no me preocupare por lucir bien, me llevare unas pastillas para dormir bien, una amena lectura y quizá un poco de empatía para aquellos que quieran convivir con sabiduría, iré sin hacer expectativas, sin trompicar con esos comentarios ácidos y pretenciosos, esas apariencias que son atuendos añejos parecidos a toneladas de escombros en un siniestro olvidado.

 

Faltan muchas semanas para el gran evento, pondré una nota que advierta mi posible cancelación, también es válido no estar, no querer, no poder, porque si voy por compromiso será una implacable agonía y si voy con gusto serán días llenos de convivencia relajante. Antes de que llegue la fecha, tengo pendientes en los que debo trabajar, tengo asuntos que están en marcha y quiero ponerles un bonito punto y aparte, en un segundo todo cambia y mis decisiones pueden dar un gran giro, entonces no asegurare mi presencia en algo que es ambiguo. No quiero sentirme abrumado con la incertidumbre de los organizadores, sus viejas tácticas de convencimiento funcionaran, no hay forma de quebrantar lo establecido por una mente brillante, no hay manera de sabotear lo que es un caos, es seguir con la tradición que nos hace vernos tal y como somos.

 

Ahí nos concentraremos en los excesos, en las conversaciones sin gracia, en manifestarnos con el espíritu renovado, con propósitos claros, con celebraciones que pasaran de largo, porque para muchos no son suficiente, ahí será un cuartel que nos incite a desaparecer por ratos, ha distraernos del horror, de inquietarnos por actos circenses de exageración y según amor. Ahí será una cueva de recreación e inspiración, después volveremos a lo habitual y muchos continuaran con la espada desenvainada, la lengua hiriente y la indiferencia a flor de piel, es una advertencia que hace temer al futuro inmediato.

 

Entonces primero me pondré a recordar a mis muertos, cerrar esos negocios que parecen endebles, retirarme al paraíso y sostener mi ánimo, realizar los chequeos pertinentes y armonizar los espacios. Recargarme de buenas energías, concentrarme en lo aprendido, despejar los pensamientos y quedarme flotando en esos escenarios que no serán posibles, caminare por esos callejones que son reclamados por la muchedumbre y dormiré sin culpas ni remordimientos. Abriré las ventanas y las puertas para ventilar las habitaciones que muchas veces han tenido que cobijarme para darme serenidad.

 

Una advertencia tras otra, esa es la dinámica que nos tiene al borde del colapso, de la intolerancia a la lactosa, de aguantar niñerías y de aceptar lo que es injusto y ostentoso, es una calamidad que nos advierte que muchos siguen en un camino de prepotencia y falsedad, es un baile de egos y competencias infructuosas.

 

 


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