El camino.
Todos los días escoges el mismo camino de prepotencia, presunción, falsedad
y queja, así vas por la vida reflejando lo que se produce en tus entrañas,
sientes como hierve la mente al pensar en todo lo que esta desordenado según tus
criterios y valores, no aceptas que los demás opinen diferente, no asumes el
papel que te corresponde y te entregas al drama como si fuera la única salida
al vértigo de las emociones.
Te quedas pensando en las probabilidades del cambio, pero prefieres
quedarte en los sitios que te dan comodidad aunque la indiferencia te lastime,
eres parte del camino de imposición y relajación que te va acabando, que te va
sometiendo en medio de las justificaciones que son repetitivas y nada creíbles,
te sostienes de la cuerda que es delgada y frágil, intentas comprender que es
lo que sucede, pero sabes que las respuestas son contundentes, te vuelves
participe del maltrato sistemático de un entorno sin control y sin comprensión.
El camino te ha convertido en un difusor del odio y la incomprensión, te sabes
aquellos guiones de memoria para aparentar que las cosas están en un nido de
amor y serenidad, pero no es cierto, te estas engañando, porque prefieres ser leal
a todo lo que te hace daño.
No te urge escapar de lo que es una constante, sabes resolver la ecuación cuantas
veces sea necesario, ya estas condicionado a las reacciones de grosería y incongruencia,
lo has incorporado a lo habitual, crees que el mundo funciona de esa manera,
pero es la equivocada, porque todos los que dan vueltas en ese tablero están adaptados
al caos y en algún momento la jugada incorrecta los hará despertar de una forma
inusual y dolorosa. Insistes en tomar esa varita mágica de desenfreno, de palabras
hirientes, de acciones imprudentes, no quieres soltar el poder que te otorgaron,
te mantienes aferrado a lo que es una formula desgastada y llena de ambiciones
sin sentido, quieres seguir caminando, no importando que tus argumentos anden
en andrajos.
Ahí quieres estar, nadie te obliga, eso es lo que te hace rey en una lugar
sin fundamentos de amor y comprensión, eres el administrador que solo hace las
cosas por la inercia de sentirse importante, no tienes piedad de ti, no quieres
levantarte de ese rincón, sientes como los clavos penetran y sigues felizmente
en ese espacio donde eres invisible e inestable, eres una especie de fantasma
que no asusta, que no tiene sentido de existencia. Volteas cada cosa para entender
que tus pensamientos son los correctos, buscas en recovecos que han sido ya
ultrajados por discusiones y debates que son estériles, solo te queda esperar a
que las luces se enciendan para comenzar un día más.
Mientras la lluvia causa estragos, todavía te preocupas por las presencias
que tanto te ignoran, reconoces que eres de buen corazón, que huyes de la
soledad, de la libertad de elección, quieres que las situaciones persistan a lo
que crees y sientes, pero hay señales que brillan, que te empujan y simplemente
rechazas, porque no estas preparado para comenzar guerras donde ya las hay, anhelas
tanto la paz que en otros tiempos fue suficiente para entablar acuerdos y gestos
de cariño, hoy todo esta devastado. Ahí te quedas esperando un milagro,
esperando que el año termine, que los propósitos se renueven, ahí en ese camino
que esta invadido por la dictadura de lo material, de la competencia y de la
decadencia de lo que un día fue imprescindible.
Cada vez que suspiras te vas desapareciendo, quieres tomar el otro camino,
pero no quieres o no puedes, esa es la catástrofe de todos los días, desde ese
momento que te sentiste herido y burlado.
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