No hay semana que no llore.
Los recuerdos me invaden, me traslado a nuestra niñez, me entretengo en los
juegos, en la inocencia que nos envolvía, en esos instantes felices, en esas
travesuras insolentes, en tus berrinches, en tus caprichos y en tus ocurrencias.
Quiero revivir lo que fue, lo que me ahoga en un llanto inmenso, necesito de uno
de tus tantos arrebatos, de esa actitud irreverente y de tus tan mencionadas bondades.
Armemos una casita con las sábanas y cobijas, refugiémonos mientras llueve,
que el tiempo se nos vaya en reír y soñar, hagamos un escenario donde cantes y
brinques, encontremos esos motivos para hacernos eternos y comprendamos que
somos hermanos, permíteme cambiarle el pañal a la muñeca mientras tu pateas el balón
con fuerza, déjame volver a sentir que es ser el hermano mayor y cuidar de la
fragilidad de una niña sensible y cariñosa.
Permíteme quedarme en silencio mientras te recuerdo. Quiero volverte a ver
y decirte lo tanto que te extraño y amo, quiero escribirte unas cuantas cartas,
quiero que te rías con ironía y me cuentes como te ha ido. Quiero que el tiempo
se detenga y alguien me explique que es lo que sucedió, que nos demos cuenta de
la sacudida y podamos abrazarnos a través de la añoranza. Me vez llorar, me escuchas,
te quedas ahí por un largo rato y te vas, así son esas visitas repentinas, así
pasan los días con ciertas preguntas y diferentes respuestas, pero bien sabes
que debo seguir viviendo, que tengo un mundo que atender y que de alguna forma
me cuidas.
Crecimos y nos alejamos. Maduramos y cada uno tomo su rumbo, pero en el
fondo no dejamos de pensarnos, estuvimos cerca, la conexión fue exacta y creo
que esta se mantiene, agradezco lo que hiciste en mi ausencia, por todas las
cosas que hiciste para que las cosas estuvieran a flote, celebro todo lo que
viviste, en la mujer que te convertiste, ahora en tu ausencia te homenajeo respirando
profundamente y despertando con la certeza que estas en paz.
Enciendo una veladora en tu honor y te hablo con transparencia, aquí te espero,
aquí estoy para percibir tu esencia, para hundirme en recuerdos y extraviarme
en las aventuras que escribimos juntos, eso es lo que importa, eso es lo que
nos da la dicha de cuidar la conexión, de ser pacientes con la espera y hacer
lo necesario para hallar la comprensión.
Todas las personas que te conocieron te llevan en el corazón, reconocen lo
buena persona que eras, fuiste amante de los gatos y perros, fuiste maestra de la
guasa, eras frontal, siempre fuiste especial, consentida, graciosa y terca, a decir
verdad, lo sigues siendo, porque no te olvidare, lo sabes. No me imagine este día,
el dolor es profundo, no hay semana que no llore, hago todo lo posible para
seguir adelante, quiero que sepas que tengo razones para ser feliz, tengo
planes, que en mi libreta hay tantos sueños por cumplir.
No te preocupes, por favor descansa. Espérame ahí, no desesperes, mientras pasa
tiempo con los nuestros, ríe con fuerza, guiamos por aquello que valga el
esfuerzo.
Gracias por ser mi hermana en esta vida, por ser luz. Escucha mis
oraciones, mis conversaciones, espero que algún día me contestes, dame señales.
Gracias por cada episodio, por cada minuto, por cada mensaje, por aquella pizza
y por todo lo memorable que persistirá hasta el final. Vamos a sumergirnos en los recuerdos, en
todo aquello que es nuestro y nadie nos puede arrebatar, quedémonos ahí y
volvamos a empezar, tu allá y yo acá.
Entre el suelo y el cielo, solo nos separa la realidad.
Comentarios
Publicar un comentario