En la orilla.
Estoy en la orilla de la playa pidiendo que este año se termine. Un año turbulento
de muchos cierres, de grandes pérdidas, de momentos indeseables, que solo entenderían
aquellos que han sentido ese dolor profundo y difuso. Un año que, aunque intente
olvidarlo no será posible, doce meses que han marcado mi vida, mi existencia,
que han dejado tremendas reflexiones. Muchas lagrimas han brotado y me han
dejado pensando en lo rápido que pasa el tiempo y que hay golpes abruptos que nos
hacen caer, pero solo nos queda levantarnos, sacudirnos y continuar.
El sonido del mar me hace voltear al cielo y pronuncio algunas frases. Insisto
en jugar con la arena escribiendo mi nombre, después la espuma se lleva ese
instante de serenidad y me sitúa en la realidad. Esto es lo que hay y se debe de
gozar, estas son las maravillas de la vida que deben de quedar en la memoria, camino
por toda la orilla hasta encontrarme con la tarde que hace que me detenga y
piense en mis miles de aventuras. Me esfuerzo por regresar al punto de partida
mientras la música me invade y me hace recordar todos mis logros, me estremezco
y dejo que el viento se divierta con lo holgado de mi ropa, me mojo una vez más
los pies y sonrío por esta oportunidad de sentir la brisa.
Me esfuerzo por perdurar en el momento, es un presente que me hace estirar
la felicidad de una manera sutil, me emociono al ver que las olas se revientan como
en mis sueños recurrentes, me merezco estar aquí y entregarme en cuerpo y alma
al tiempo que se está consumiendo. Pronto se acabará el año y agradeceré por el
aprendizaje obtenido, seguramente lloraré y abrazare con todas mis fuerzas a la
gente que amo. Tendré una lista de propósitos por cumplir, la puerta para reiniciar
estará a la vista y las emociones estarán temblando. Quiero hacer tantas cosas,
pero primordial mantenerme en paz, no forzar reencuentros o conversaciones sin
sentido, escuchar y después hablar, permanecer en la libertad de amar y contribuir
para que todo avance en amor, comprender que muchos actúan según sus intereses,
que si hay algo en lo que no esté de acuerdo lo respeto y sigo mi camino, evitar
las polémicas si hay huecos en los argumentos, solo quiero paz.
Bendito mar que se mueve y te recarga de pensamientos positivos. Que dicha
es perderse entre los rayos del sol y conversar de lo que sucede, que bello es
encontrar el sentido de las pérdidas y de la ganancias, del dolor y la renovación,
del fin y del principio. Muchos huyen de ciertos escenarios, no viven con
certeza, clausuran todas las entradas y las salidas, se quedan atrapados con
tal de que no entre lo que para ellos no tiene un valor especifico. Se quedan
paralizados pensando en todo lo que han dejado atrás, no tienen respuestas, ni
soluciones, se la viven dando vueltas a la caja que guarda historias inconclusas,
el rencor los tiene petrificados e intentan esquivar los escombros que todavía flotan
y están afilados.
Falta poco para que termine el año y eso me hace recobrar el sentido de la
verdad, de la identidad, de la selecta decisión de creer en el perdón, de saber
que, si podemos ejercer la ecuanimidad, la transparencia y la objetividad. Que cada
uno haga de su vida lo que quiera, que hagan su toma de decisiones según sus estándares
y perspectivas, que, si van a dar algo que sea de corazón, que si van a decir
algo que sea con sabiduría.
Estoy en la orilla de la playa y sé que algo muy bueno vendrá.
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