Pretendes que el
tiempo vuele y llegue al día que tanto esperas. El calendario es un enemigo que
te toma como rehén y se burla con gozo, sientes como el estómago te hierve y el
único remedio es la paciencia que es un sufrimiento que penetra lento en los
pensamientos que se desbordan haciendo estragos evidentes en la apariencia y la
elocuencia. Ese día que prometiste sería generoso para todos los presentes
puede que no se haga realidad, las condiciones parecen no ser favorables y las
opiniones están divididas.
Te entristece saber
que muchos se entrometan en los planes que tenías previstos desde hace un par
de años, compraste todo lo necesario para llegar al destino anhelado, pero
resulta que es más importante quedarte a la tercera boda de tu hermana, que planeo
todo en dos meses y te considero como uno de los padrinos principales, tendrás que
renunciar al sueño de escalar esa montaña. Al final quizá dones todo el equipo
adquirido con tanto esfuerzo porque sabes que en algunos meses no tendrás las
fuerzas para hacerlo.
El médico te indicó que
estuvieras en casa, reposaras y esperaras. No entendiste y tomaste la decisión de
perseguir el objetivo que te hace falta, pero el destino te pone a prueba, ahí esta
tu querida hermana convenciéndote de que la acompañes a unirse con el hombre
que parece ser el bueno. No te queda otra opción, tu atrofiado corazón te lo agradecerá
y no te perderás de lo que parece amor verdadero. Los Alpes franceses no tendrán
el honor de recibirte, te desvaneces en tus deseos por estar ahí, pero crees en
las señales y quedarte es lo prudente, es posible que le calendario tenga otras
sorpresas.
Tus colegas te han
recomendado olvidarte del alpinismo, te quieren tener por más años, no quieren
que de repente te quedes en el intento, saben que de tu afanosa terquedad y
todos los días te recuerdan que la salud es primero. No tienes alternativa
debes resignarte a explorar la inmensa biblioteca que has acumulado, es momento
de escribir tus memorias, quedarte en la casa de campo que con tanta ilusión alguna
vez construiste, disfrutar de las tardes y conservar la calma cuando las ganas de
escalar te invadan.
Recuerdas tus
primeras exploraciones, subías y bajabas, aquel monte en casa de tus abuelos, no
te cansabas de explorar las cuevas y registrar todos los cambios, acampaste un
sinfín de ocasiones en el valle, la competencia con tus primos era interminable
y por ahora has ganado porque ya todos han muerto, después comenzaste a
estudiar micología y conociste un centenar de bosques, eras tan feliz y de
pronto ya subías montañas y volcanes, una cosa te llevo a la otra, terminaste
la carrera de geografía y te dedicaste enseñar lo que hasta hoy te genera
emociones encontradas. Un día te rompiste la pierna izquierda, fueron meses de rehabilitación,
insististe en que todos te ayudáramos a recuperar la movilidad porque tenías
que ir al Himalaya a cumplir con la hazaña trazada y lo conseguiste, has viajado
por todo el mundo acumulando proezas, solo te falta Francia, pero siempre te
rehusaste a ir, porque de ahí fue el gran amor de tu vida, se fue muy pronto, de
repente decidió marcharse de este mundo y jamás supiste las razones por las
cuales lo hizo, te dejo una carta que mantienes intacta bajo llave en aquel ropero,
dijiste que nunca la leerías.
Ahora que somos
mayores te observo impaciente, en espera de un comienzo o de un final. Siempre te
acercaste a mi para contarme tus inquietudes y ahora te siento lejano, distraído,
confundido, yo que soy tu mejor amiga me siento abandonada esperando me invites
un café y me cuentes tus planes, pero solo existe un silencio que se traspapela
en un calendario que indica que algo está por suceder y no es precisamente la
boda de tu hermana.
No quiero que te
vayas mi adorable amigo.
Comentarios
Publicar un comentario