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Hoy hay fiesta en el cielo.

 

Les confieso que muchas veces termino llorando al recordar. Todavía no comprendo la reacción de las personas al enterarse de tu partida y no expresaron su apoyo, fueron frías, indiferentes, crueles de alguna forma, ese es mi sentir y mi punto de vista, se quedaron calladas, en ese silencio que a su parecer fue de respeto, pero realmente en ese momento necesitaba sentirme abrazado y un camino para comprender que estaba sucediendo.

Te sigo recordando con esa terquedad que te caracterizaba, esa actitud retadora, ese gesto de mandamás, esa honestidad que te llevaba a los extremos para hacer estragos y magnificar los sucesos, ese corazón tierno, esa dulzura y picardía. Escuchar a las personas ratificar que eras una buena persona me dejo un eco de alegría y admiración, realmente eras una mujer de superar desafíos y de mantener alegría para todo aquel que compartía contigo su valioso tiempo.

Recuerdo nuestra niñez con dicha y efusividad, nuestros juegos y travesuras, el hacerle la vida imposible en aquel entonces a nuestras primas odiosas, que hoy son todo unas señoras hechas y derechas, que son un racimo de bondad y de grandeza. Éramos unos niños y nos dedicábamos a explorar, a comprender de que se trataba la vida, después crecimos y entendimos que no todo es color de rosa, tomamos nuestras decisiones y cambiamos de trayecto, pero jamás se desgasto la hermandad.

Hermana te llevo en el corazón, sabes que no te olvidaré, que eres parte de mi vertiginosa historia, que juntos superamos infinidad de episodios, que de alguna manera estamos conectados, se que me estas cuidando y que haces todo por comunicarte, por favor escucha mis plegarias y guíame con tu singular sarcasmo a conseguir lo que parece imposible.

Entre las nubes vas gozando de la calidez que hay en ese lugar, esperando saltar para regresar de vez en cuando y contarnos tus aventuras, seguro nos estas esperando y reservando un buen lugar. Quizá mi imaginación es una táctica de romantizar tu ausencia, es una forma real de atravesar por el dolor que me acompaña todos los días, habrá quien no me entienda, pero es una sensación que no le deseo a nadie; y por eso elijo recordarte con esa naturalidad con la que conversabas y esa manera peculiar de definir las situaciones, con esa bondad única y autentica, esa viveza que desde niña supiste era la formula perfecta para andar como la fresca mañana.

Hoy te encenderé una veladora y te diré un breve discurso, te platicare lo que pienso y reiremos, guardare silencio mientras los pájaros cantan, los niños hacen su bullicio y los ruidos callejeros hacen una melodía que me haga trasladarme a los días donde fuimos felices, esas anécdotas que solo son nuestras, esos instantes que forjaron una linda historia de hermanos.

Haré todo lo posible por comerme una rebanada de pastel en tu honor, cerrare los ojos y te observare con tu conejo Fito o tus múltiples muñecas calvas que en ese entonces eran codiciadas, buscare las fotografías que me hagan llegar a esos años de plenitud. Nuevamente me pondré a llorar y diré tu nombre. Abire los ojos y me daré cuenta de que estoy recordándote con todo mi amor, sonreiré y saldré a caminar en busca de las respuestas que siguen escapándose de mi conciencia, ten la certeza que siempre hay instantes para hacerte presente.

Lo único que tengo claro en este día, en este seis de febrero, que hoy hay fiesta en el cielo, que si llovizna es porque los ángeles están bailando con enjundia y que tu estas inmensamente serena y feliz.

Gracias por ser mi hermana y por amar a los gatos.

 

 

 

 

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