Hay personas que son
muy buenas para el mundo. Esas personas que te protegen de todo peligro, que te
cuidan en los momentos grises, que procuran que todo sea grato, esas personas que
ahí están, pero no las vemos, quizá no las valoramos como deberíamos, somos
crueles hasta para reconocer. Las personas bondadosas siempre ofrecerán su
tiempo y su creatividad para que emprendas, tendrán el espacio para escucharte,
aunque todo sea un disparate, te abrazaran en silencio para decirte que todo estará
bien.
De repente somos tan
malos para distinguir esa luz, esa disposición, pensamos que es cotidiano,
hasta hay cosas que vemos como compromisos inquebrantables, pero no, es parte
de la esencia de servicio y dedicación que tienen esos seres que nos apapachan
con palabras y muchas acciones. Son bálsamos que nos acompañan en las buenas y
malas, son incondicionales y muy tajantes al momento de darnos una opinión, son
guías, apoyo y compañía. La bondad que irradian podemos confundirla con
infinidad de conceptos y reiteramos nuestra inconciencia al ignorar tan bellos
actos de amor.
Al final tendemos a
aplaudir al malo, al que se hace la víctima, al que hace tremendos conflictos,
lo justificamos diciendo es que no sabe lo que hace, tiene muchos enredos en su
cabeza, ya se le pasara, no te preocupes es así y dejamos al bueno en un
espiral de contradicciones y en un círculo vicioso que se convierte en un carrusel
sin pausas. Quizá nos falta actuar de manera congruente para saber que los
engranes se están atorando y que esto puede producir contextos inspirados en
dimes y diretes innecesarios. No dejemos pasar por alto la brusquedad de
aquellos que al parecer se levantan pensando como joder y como expandir el fuego,
debemos buscar los extintores y controlar lo que va encaminado a terminar en tragedia.
No dejemos que los
malos abarquen territorios que son pura felicidad. Encontremos la manera de
erradicar la discordia que los alimenta y los lastima de una manera inimaginable.
Empecemos a hacer una introspección a lo bueno, a lo que nos trae alivio, demos
chance de que la reflexión nos hurgue hasta el grado de decir basta con todo
este mar de emociones negativas. No permitamos que los buenos se vuelvan malos
por cuestiones que en este instante tienen arreglo, hagamos un consenso certero
y accionemos el plan maestro para que la armonía este presente cuando la oscuridad
quiera apagar las luces.
Nos ignoremos esas
banderas rojas que se repiten sin parar, no tengamos miedo de hablar, de
actuar, de poner un alto. La maldad no debe tener fuerza y debe diluirse con
una postura llena de objetividad, quien ignora se convierte en parte de la
revuelta sistemática de destrucción de la bondad incansable. Hay que defender
aquello que nos hace bien y evidenciar lo que esta fuera de lugar, lo que lleva
una careta de ser buna persona y al final es un rostro lleno de resentimientos profundos.
No perdamos el rumbo.
Acabemos con la agresividad que florece en sitios donde debería existir apoyo,
entusiasmo y transparencia, no tenemos porque vivir en medio de incendios y de
humos que solo nos hacen perder visibilidad, no es sano estar dándole vueltas a
lo mismo, al pasado, a lo que nos inventamos, no evadamos las conversaciones
incomodas, no caigamos en la absurda amnesia y en la pesadez del silencio.
Habrá quien decida
quedarse con el papel de malo, porque ahí se siente a gusto y prefiere vivir en
la controversia y en el apego de lo que ya no tiene sentido, ahí se quedara esperando
que le den la razón y pensando que la mayoría está en su contra, pero no, simplemente
la gente esta enfocada en su vida, en sus anhelos, gozando lo que le queda de
vida, son parte de las personas que quieren persista la bondad y que deciden
poner límites para enaltecer lo que han decidido sea indestructible.
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