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Nadie se preocupaba por la guerra.

 

Te preparas un café mientras lees el arrugado periódico y comienzas a balbucear como si así se acabaran todos los males del mundo, estas exhausta de tantas teorías conspirativas, de tantos relatos dolorosos y de la ignorancia que sigue resistiendo ante lo que es simplemente es realidad. Caminas completamente desnuda sobre la alfombra que compraste en aquel lugar de baratijas y te recuestas sobre el viejo colchón que sirve para realizar tus insistentes meditaciones, no quieres saber de que va la vida en este día, te sientes nostálgica, recuerdas con fervor esos días de infancia donde nadie se preocupaba por la guerra y la tensión entre naciones, quisieras volver a lo años noventa donde te perdidas todas las tardes en aquella habitación llena de tiliches y hurgabas las pertenecías de la difunta abuela, pero eso no es imposible.

Giras la cabeza y observas como el gato que acabas de adoptar lame su tierna existencia, te sientes aturdida por saber cuál será el futuro de ese ser indefenso, suspiras y te entretienes con los gritos del vecino que no tiene pudor en exigirle a su amada esa comprensión y amor que tanto falta por todos lados. Intentas levantarte, pero la pereza te ha ganado, derramas un poco de café y comienzas a sentir frío, no sabes si seguir recostada o hacer el intento por cambiar la trayectoria de una mañana depresiva, esperas unos segundos y de un brinco te incorporas y apresuradamente buscas la bata para apagar el erotismo que siempre te busca y te encuentra.

Te miras al espejo, no estas convencida del todo, el rojizo parece que te hace ver muy provocativa y eso es peligroso, eso te advierte que debes de tener cuidado con esos hombres que solo ven la oportunidad para entablar una conversación que no tiene sentido, estas cansada de que solo te quieren por el físico y no les interesa escuchar que piensas de la gentrificación o el feminismo radical, por eso siempre manejas un perfil bajo, discreto, llegas haces tu trabajo y te vas. Haces que el cuerpo hable y seduzca, que esas miradas se pierdan en tus exuberantes pechos y glúteos, te encanta ver como salivan y beben de forma descontrolada todos esos que quizá los esperan en casa con una rica cena y unas caricias llenas de amor.

Te entristece ver como la caballerosidad se diluye en un instante. Sus rostros se deforman, sus gritos se vuelven grotescos cuando la lujuria hace de las suyas, esos que son hombres de buen nombre y prestigio terminan desahogando sus penas excitándose sin preocupación mientras sus vidas conyugales son perfectas ante miles de ojos. Sus mujeres imaginan que las juntas de trabajo son eternas y que los amores de su vida están picando piedra para darles lujos y prosperidad, pero eso es una fachada que se romantiza con un te amo debes en cuando.

Si contaras quien ha pasado por aquí y quien te ha dejado propina, muchos se sorprenderían, seria un escandalo para los que luchan por las buenas costumbres, pero prefieres que los secretos crezcan y se descubran cuando sea necesario. Eres experta en fabricar deseos carnales y dejar que los incendios acaben con esos dichos que apestan y que no son ciertos.

Antes de que llegue la noche y hagas arder miserias necesitas ponerle nombre al gatito, quizá le quede bien el de tu ex o el de aquel príncipe azul que termino siendo un ogro, hay infinidad de opciones y ninguna te convence. Seguirás pensando en cómo se llamará el desgraciado que come tres veces al día y que no te deja dormir hasta medio día, te quitas la bata, porque el calor ha vuelto y no, no es la menopausia.

 

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