Quisiera dejar el
tic tac que ronda en mi cabeza en un lugar alejado del caos que muchos tienen
por las tentaciones frívolas, pero los estallidos son severos y no habrá salvación
para aquellos que solo piensan en escalar sin pensar en el bien de los demás. Por
eso me he quedado aquí en la quietud de los recuerdos que me abrazan y me dan
la paz anhelada, dejando que el tic tac se pierda entre las fronteras de lo creíble
y lo derruido. Escucho muchos gritos, es posible que todos quieren huir y tomen
los riesgos para poder llegar al otro lado de la isla, desconocemos si allá haya
alguien que nos pueda ayudar, es una incertidumbre que nos deja en la completa desolación.
Un día nos
trasladaron aquí para explicarnos las entrañas del orden que está arrasando con
lo que conocíamos a la perfección, después nos dijeron que teníamos que experimentar
el asilamiento y que nos adaptáramos a las reglas de este lugar, muchos fueron
desistiendo y quedando en el olvido, los que sobrevivimos nos aferramos al plan
de fuga, pero es imposible, no hay manera de salir de este lugar lleno de
cuestionamientos, somos parte de un estrategia fallida y la única alternativa
es entrar en combate con algo que desconocemos.
Llevamos semanas escondiéndonos
de los que nos trajeron aquí, estamos en una cueva, donde solo corre agua y
alguno que otro insecto, estamos al borde de la locura, esperamos a que suceda
lo impensable, pero los bombardeos son intensos, el olor a humo ya es
penetrante y la imaginación nos hace perder la razón, somos cinco los que
estamos intentando mantenernos de pie, éramos mas de cincuenta y la mayoría se rindió.
Esa mañana me puse
un hermoso traje color azul marino, una camisa turquesa, zapatos negros,
calcetines moteados, corbata multicolor, era el día en que daría el discurso para
presentar mis conclusiones y mis ideas respecto a lo que pensaba del amor en
nuestros tiempos, había trabajado tres años en este maravilloso trabajo, era
una espléndida conferencia que daría pie a presentar mi libro. Pero en la
entrada de mi casa ya me estaban esperando esos sujetos uniformados de rojo,
sin mediar palabra me empujaron al interior de un vehículo en forma de capsula
y me trajeron con otros colegas a lo que describo como un vacío tortuoso.
Lo último que supe
es que todas las ciudades estaban devastadas, que era una catástrofe, que esto
era el paso para una transformación global y que todos aquellos que pensáramos en
cosas intangibles seriamos eliminados, erradicados, que no teníamos oportunidad
de defendernos, que nuestras percepciones serian borradas y fragmentadas.
Estoy en los huesos
y no dejo de pensar que el amor es lo único que tenemos para librarnos de la
maldad que nos rodea, creo que moriré, pero mi esencia seguirá siendo la misma
sea cual sea mi destino y los que me acompañan piensan lo mismo con respecto a
las emociones y sentimientos que intentan someter con crueldad y derramando
sangre. Al llegar aquí nos cortaron la
lengua, nos sometieron a trabajos arduos, dormíamos en la arena, comíamos un
pedazo de fruta y nos hacían tomar una pastilla que nos hacía alucinar. En un
descuido escapamos de nuestros captores, nos arrastramos por la maleza y enseguida
vino la intensidad de las bombas que nos tienen en vilo.
Creo que ya ni nos
buscan, piensan que hemos muerto y en realidad es que si, será un final
doloroso, pero creo es la sabia decisión de los que creemos en la compasión y
la felicidad, el tic tac debe terminar para que la bondad trascienda donde sea
necesaria y valorada.
Ahora cierro los
ojos para no volver.
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