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Astromelias.

 

El silencio me lleva a las sensaciones placenteras que me hacen incorporarme para ver que todavía llueve. Intento caminar por la obscura habitación que se ha convertido en un grato refugio, abro la puerta que rechina y encuentro un poco de luz que me guía hacia aquellas sillas arrumbadas. Me siento y respiro, me esfuerzo por recordar lo que estaba soñando, es inútil, comienzo a sentir desesperación, me levanto y corro hacia la habitación, me aviento sobre la cama y comienzo a gritar.

Llevo semanas intentando visualizar ese sueño a detalle, no puedo, estoy harto. Es una obsesión que me ha llevado a permanecer encerrado todo el fin de semana, sé que ahí están las señales que tanto espero, no hay casualidades, por algo me llego esa carta y esas flores, necesito saber que es lo que quiere, que es lo que intenta, porque aparece de repente. En ocasiones pienso que es una mala broma de aquel imbécil que dice que no se cansa de repetir sus historias vacías y llenas de improbabilidades, dice ser mi mejor amigo, pero solo viene a comer las sobras de pizza y la soda desabrida, se cansa y se va con ese grupito que lo esta llevando a la perdición, mientras me quedo aquí dosificando lo que contiene el pastillero, son las ultimas raciones y después de esto intentare sociabilizar, no buscare la manera de obtener más pastillitas, ya basta de enajenarme con un cuento que solo ronda en mi cabeza y que mantengo hasta cansarme y perderme en ese sueño que no recuerdo.

De Raquel no quiero saber nada, me termino para irse a vivir a cuatro mil doscientos treinta y siete kilómetros, de repente llego y me dio los clásicos besos en el cuello, después me mordió la oreja y me soltó la bomba. Me quede paralizado en esas sillas viejas que han sido testigos de infinidad de aventuras, la mire y la avente, le dije que si creía era lo justo, le recrimine y le mencione que una relación así no funciona, que yo no volví a Budapest por quedarme con ella y ahora toda oronda se marcha para cumplir los caprichos de su padre. El viernes me llego la carta que solo tiene frases escuetas y dibujos malhechos y las astromelias todas marchitas, es una tontería pensar que fue ella, cuando tiene tres meses que se largó a estudiar su segunda carrera. No se que pensar, he pensado en ir a buscarla, pero eso va contra mis principios, porque cuando pongo punto final, no hay poder humano que me incite a retractarme.

Esperare regrese la noche e intentaré tomar nota de los detalles del sueño, solo recuerdo que es una playa muy larga, que hay bulla a lo lejos y de después todo se diluye, los rostros, las voces, que frustración es no tener algo concreto, quizá todo es un berrinche y debo de aceptar que todo se fue a la mierda, que debo rehacer mi vida, inspirarme en la colección que deje a medias, retomar el pincel, volver al estudio y reencontrarme con mis colegas.

Le diré a mi madre me mande dinero y remodelaré el depa, cancelaré el viaje que tenia planeado a Italia y me pondré a pintar lo que recuerdo de ese burdo sueño y antes de que cumpla veintisiete años ya tendré una docena de obras que pueda vender a los gringos que en ocasiones se asoman a ver lo que estoy haciendo, es momento de soltar lo que creía era algo sólido, un amor verdadero. La carta y las astromelias las mandare a encapsular en acrílico para tener presente que en la vida hay enigmas sin resolver.  

No volveré a Hungría hasta olvidarme de ella a través del arte.

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