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Aislados.


Se siente un entorno hostil y obscuro. Cuando escuchamos que no pasa nada, un aire gélido nos abraza y nos expulsa a sitios inimaginables. La indiferencia es una tortura, es una exposición a la vulnerabilidad y al arrebato de ineficiencia. Las horas pasan y esa sensación de abandono se presenta sin aviso y se queda haciéndonos compañía hasta que se cansa y se disuelve entre las actividades cotidianas.

El pánico se apodera de las calles dejándolas vacías, las noticias son apabullantes y el estrés es una constante, los arriesgados van y vienen como si fueran inmunes a todo lo que esta en ambiente, la soledad entra con alfombra roja y caravana, dejando mas dudas que certeza. Los ingenuos pensaran que son conspiraciones y son actos forjados por entes que solo piensan en hacer el mal, pero la realidad es evidente y devastadora.

El enojo es inevitable ante lo que acontece, la tristeza es demasiada y la preocupación ya no cabe en una ciudad donde la vida parece extinguirse, no hay manera que las manos llenas de poder hagan algo para controlar la calamidad. Voces que se pronuncian a favor y en contra, mientras la apatía va madurando en este recipiente amorfo y de posibilidades ambiguas. Hay muchos que quisieran escuchar lo que solo les conviene, para ocultar el verdadero foco de la tragedia, pero ya no hay escondites seguros.

La verdad duele, lastima al grado de no querer una pizca más de aquel antídoto que prometen es de bien y satisfacción, el hartazgo es caricaturesco como sus personajes en acción. El discurso  esta cubierto por la tragedia y la comedia, es un show para entretener a las marionetas y un espectáculo que enfurece a los de amplia razón. La subestimación es aplastante y la paranoia es una flor en un apogeo creativo pero marchito en estas circunstancias de emergencia. Permanecemos aislados de lo coherente y de lo que podría ser nuestra salvación, somos rehenes de esencias atroces y corazones rotos, nos encontramos aislados de lo habitual, de eso que nos da la dicha de vivir.

No hay pájaros que nos canten esa estruendosa melodía, no hay abejas que recolecten el néctar de las flores, no hay monstruos contra quien luchar pues algo diminuto nos tiene alejados de lo palpable. Estamos apartados, no nos podemos besar, saludar, no podemos entregarnos de esa forma que tanto nos agrada, la guerra ha estallado en medio de nuestra serenidad y nuestra capacidad de creación.

No hay complot, solo son diagnósticos, pronósticos y estadísticas. Solo nos quedan los cuidados y los formatos para retirarnos a los espacios que el destino nos ha asignado, quisiéramos que esto terminara, pero desconocemos cuando comenzó. las descripciones son complejas, no hay palabras para conversar, el silencio no es suficiente y el ruido es variable, mis nervios están desbordando y la inquietud me lleva a mofarme de lo serio, dejando un poco de alivio a los angustiados y los  perezosos que no se creen ni media palabra.

Se aplazarán muchas cuestiones, pero es por el bien de los nuestros. Las circunstancias no nos favorecen y por lo tanto seremos parte de los asilados. Tendremos que convivir con las ausencias y con las catástrofes. Debemos desempolvar nuestra inspiración y escribir lo que venga a la mente y no esperar que la muerte sea una opción ante el dramático horizonte que nos espera pacientes. Hurga entre tus cavilaciones e interpreta el presente de una forma chusca y descabellada, después interrumpe a la inspiración y asómate para observar si alguien se ha atrevido a retomar su vida entre tantos episodios de exaltación y añoranza.

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