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Las puertas están abiertas.


Las puertas están abiertas para todo aquel que muestre cariño y brinde humildad. Los ríos de billetes corren por las calles de soberbia, ahogando a los que no están preparados para compartir, desnudando a todos aquellos que van presumiendo sus artículos de diseñador, esos fantoches que piensan que todo se arregla con dinero, se quedan a la deriva entre las fuertes corrientes. Las raíces se pierden porque lo material disuelve, contamina y destroza, los caminos de esperanza no existen en esos seres obstruidos por una falsa vida.

El mármol es testigo de las derrotas espirituales, las lagrimas salen como si fueran gotas de sudor por el esfuerzo, las manos se maltratan por el ajetreo, las luces lastiman esos ojos que han visto la tragedia, esos pies están cansados por recorrer senderos llenos de espinas, ese mármol parece ser parte de un monumento erosionado y esa alma sufre los embates de su arrogancia, trata de descansar, pero es imposible porque hay pesadillas que esperan. Esos broches de oro son solemnes cadenas de imprudencia, son barreras para contener libretos desquiciados, son simples trancas para derruir la credibilidad. El mármol y el oro son creaciones de la falsedad de los seres que no quieren aceptar la realidad, que se dejen guiar por consejos vacíos de certeza, que no pretenden cambiar porque están cómodos entre sus ínfulas y sus incongruencias.  

Increíble que esos seres pierdan el piso, se la pasan excluyendo al que no tiene ciertas características, sus percepciones equivocadas no cesan, dividen por el simple gusto de sentirse superior, se encomiendan a los dólares y euros para salir de cualquier bache y pretenden que todo durara para siempre.  El que se hace tonto por sus dichos de supremacía, es el mismo que va por la vida sin motivos y sin soluciones precisas.

Las puertas están abiertas y esperan se acerquen todos aquellos que han gozado buenos momentos para repetirlos. Que la insensatez no hiera las emociones, que todas esas palabras que están fuera de lugar, se las lleve el viento. La ingratitud no debe ser un estandarte, el rencor debe ser borrado, los malos entendidos se deben de resolver y las calamidades se deben de afrontar. Esos palacios que se crean para escapar, se deben de esfumar, por el bien de todos los personajes, esas columnas endebles, no resistirán una grosería más, esos pisos se cuartearan y dejaran huellas de combates abstractos.

Después vendrán los terremotos del ser y todo lo creado quedara en escombros. Todos aquellos vendrán corriendo pidiendo auxilio, cobijo, oxigeno, esas puertas seguirán intactas y recibiera a los desconsolados y a los irritados. Ni todo el mármol, ni todo el oro, eso no servirá para sanar tanta palabrería, la arrogancia y la vulgaridad indignante, pero no se dudará en recibir a los desamparados y arrepentidos, porque en este lugar hay espacio para todos y alimento suficiente. Los indispuestos recobrarán fuerza y sabrán para que son esas alas que portan.

Los ríos se secarán y es cuando descubriremos esos rostros alegres, las confusiones terminaran, todos encontraran razones para no andar desnudos por las avenidas y comprenderán que el dinero es un medio, pero no lo mas valioso y es cuando tendrán que limpiar toda esa hierba para observar esos árboles y apreciaran sus raíces. No permitas que los frutos se pudran y que la prosperidad te convierta en un ser despreciable, si realmente estas convencido de la bonanza entenderás que todo es temporal y que todos moriremos.

Mantén las puertas abiertas y si se llegan a cerrar, haz todo lo posible por abrirlas y contribuye para que se mantengan así por prudencia y por amor a la vida.



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