Parecía que todo se desvanecía mientras aquella boca gesticulaba palabras que yo no comprendía por mi nivel de estrés. Aquellos huecos eran interminables unos eran más profundos que otros, estaba en proceso de rellenarlos con todo aquello que se pudiera pero estaba destrozado y no tenía la coordinación necesaria para hacerlo. Mi coraje estaba provocándome una congestión de pensamientos negativos mezclados con lo que mis ojos percibían y no creían. Trataba de conquistar lo que alguna vez fue mío y cultive con un silencio que me evocaba al todo por el nada, veía perfección cuando esta no existe ni en la naturaleza, corría para ver un nuevo atardecer junto a la libertad sin tapujos. Hoy mis pies y manos están colapsados por caminar un sendero con respuestas repletas de ilusiones y por aferrarme a los trozos de lo que fue mi inmensa embarcación donde todo era festivo, sereno y verdadero. De repente un iceberg destruyo tan inimaginable aventura y me dejo...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci