El jardinero.
Aquella música sobrevive en
mi recuerdo que se reseca cada vez que abro las ventanas para tomar aire
fresco.
Alguien dijo lo siguiente: Mis
lágrimas deben llevar el peso de todo aquello que he enredado a base de mis
tantas decisiones y tendré que ser el jardinero que corte la hiedra que ya no
me deja ver los rayos del sol y hare de este terreno algo que me dé frutos inolvidables.
Efectivamente hay
situaciones que el tiempo debe de erosionar para dar vida a nuevas formas y
comprender a la tempestad como una prueba superable y alentadora para seguir
conservando la armonía.
Si ella viviera las cosas seguirían
intactas porque tenía el poder de mediar las aguas que estaban en contra y
dejaba fluir las que tenían que marcharse al son de inercia habitual, ella tenía
la fórmula perfecta para decir las cosas de forma profunda pero cierta, su
cariño era protagonista en el corazón de tanta gente y era generosa ayudaba al
millonario en miseria y al miserable en hipocresía, era una persona que
escuchaba todas las historias y solo daba opiniones esas que salían del alma.
Si ella estuviera aquí no habría distancias porque hubieran construido puentes,
ella era un general y sabía quién era su ejército, su bruma era pasajera porque
prefería ser alegre, en la cocina era una diosa y su sinceridad en ocasiones desconocía
la ternura.
Ella trascendió a otro
plano, al plano que nosotros desconocemos. Solo nos queda revivir los recuerdos
para desempolvar las enseñanzas, agradecer los cuidados, inspirarnos en sus consejos e imaginarnos como
ella no hubiera actuando ante el panorama que ahora presenciamos y propiciamos
faltando a su memoria y a su concepto de
bienestar.
¿¿¿ Dónde están todos
aquellos que juraban perdurarían hasta el fin de los tiempos??? Pues quizá están
en su casa encendiendo veladoras para no olvidar, cuando lo que vale la pena en
su corazón sea dormido. La partida de alguien no representa el fin de historias
porque quizá siempre haya motivos para continuarlas, para impulsarlas y el
legado siga su camino brindando la oportunidad que la luz se extienda sin
miedos.
Los adultos nos complicamos
la vida, estropeamos momentos emblemáticos con simples niñerías, nos
encapsulamos para no hablar, buscamos nuestra mejor coraza para que en las
batallas diarias no penetre el dolor a
nuestro ser, esquivamos la realidad y por algunas circunstancias queremos
esconder el pasado, nos creemos reyes cuando nuestros castillos han sido de
arena, nos creemos bendecidos solo porque cuando pasamos en frente de la
iglesia nos persignamos; y pues creo se debe de ir más allá para caer en la piscina
de la comprensión esperando no ahogarnos, debemos detenernos un minuto al día
para encontrarnos y reaccionar.
Los males no duran cien
años, los malos entendidos no creo duren una eternidad, las malas experiencias
se tienen que superar, las disculpas deben de llegar, las buenas acciones se
deben de multiplicar, las injusticias se deben denunciar, etc.
Nuestra existencia también
se terminara pues entonces hay que hacerla más amena, mas interesante, más
significativa, hay que provocarle el hambre y la sed para que jamás llegue el
conformismo y que cada hecho nos deje
una satisfacción con el deseo de volver a repetirla.
Cerremos las ventanas cuando
el invierno comience y limpiemos nuestro hogar para sentirnos a gusto y cuando
el tiempo lo indique escucharemos el canto de las aves y adornaremos con los
colores de las flores esos espacios que son templos que nos hacen sentir vivos.
Ella vive en mi locura, yo
vivo en mi contradicción y el calendario me indica que debo ser un estupendo y
dedicado jardinero para que lo que quiero crezca en esta tierra donde me siento
libre y sin complejos… para no olvidarme de quien soy y gracias a quien.
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