Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de septiembre, 2017

Rotos pero jamas desperdigados.

Falta un minuto para que la reflexión llegue o menos quizá cinco minutos. Ese polvo que cubre la piel guerrera de los que se han convertido en esperanza perdurable en estas horas de angustia, esos ojos que no se vencen ante la obscuridad de esas oquedades, esos puños que se levantan para encontrar una señal que nos haga vibrar y creer en las plegarias que han iluminado el corazón de tantos. Hombres y mujeres que no se han quedado de brazos cruzados ante este destino inevitable de dolor e incertidumbre, esas grietas que parecen amargarnos la existencia son las que nos levantan y nos dan la fortaleza para multiplicar las voluntades de hacer las cosas de forma quirúrgica con tal de encontrar nuestras presencias, esas que nos  acribillen de razones para no bajar los brazos aunque el cansancio sea irremediable. Una tragedia necesito esta sociedad que tragaba indiferencia. Ahora somos un ejército infinito en busca de una reconstrucción inmediata, tratamos de burlar ese duelo que...

Mi personaje.

Como inventar una historia sobre otra cuando lo evidente está en los recuerdos de aquellos que colisionaron con todo este montón de palabras que eran misiles oportunos para cambiar de trayecto. Esos rostros que van de un lado a otro parecen perseguir la noche donde la lluvia pertinaz es intolerante y empapa esas razones acartonadas e indescriptibles que rememora todo aquello que el tiempo se ha encargado de encerrar en un calabozo. La tormenta deja a su paso tantas piedras que hacen tropezar al tenaz individuo evadiendo los manotazos y justificando sus actos circenses como si esto fuera una virtud elocuente y maravillosa. Se siente perseguido por esos miedos insolentes que solo descomponen lo que parece ser color de rosa, esos voces no dejan que los días sean totalmente soleados, los quejidos de esa risa burlona es notoria cuando la valentía es el única que se anima a asomarse para retar a las interrogantes amenazadoras que se van consumiendo con esa música que explica todo de...

Un movimiento brusco.

Era un día que parecía terminaría de forma habitual pero en un minuto cambio todo. Aquella armonía que reinaba en ese espacio fue devastado por el miedo y la desesperación. Un movimiento brusco impulso mi cuerpo hacia aquella pared dejándome la mente confusa y los gritos comenzaban a multiplicarse. Trate de marcar el primer número que se me ocurriera pero  mi coordinación no era basta para entablar una acción completa. La estructura crujía como si todo aquello fuera a derrumbarse y aquellas ondas se apoderaron de mi cuerpo sin lograr reaccionar hasta el fin de aquel destructivo sismo. Han pasado los días después de aquel inesperado suceso, miles de personas sufren la perdida de sus familiares y patrimonio y miles más se sumergen en la indiferencia, no se han detenido a reflexionar a pesar de la sacudida. Todas las tragedias son desgarradoras pero ahora la necesidad de solidaridad está en nuestra tierra, en nuestras calles, en comunidades que han aportado historia y cultura que...

La hora exacta.

Terrible escenario es el que viven esas personas que fabrican pugnas en su mente. El resultado de esta lógica malintencionada es un distanciamiento sin explicación aparente que ha dejado grandes socavones al paso de los años. No encuentro razón para esta marcada lejanía cuando todo era maravilloso y con una clara sensatez quizá los fantasmas de la  ambición y de la insatisfacción reinaron esas almas que se mantenían limpias y blandas de corazón. Un giro estrepitoso provoco que las armaduras aparecieran para una batalla inexistente que solo da vueltas en la imaginación reducida por tantos estruendos de voces que solo sembraron veneno mismo que  los alcanzo repentinamente y ahora suplican que el final sea decoroso. Quien creyó todas esas farsas ayuda al profeta de las calumnias sin encontrar solución al mal que engendro en esos pensamientos que caminaban serenos por la vía de la unión eterna y comprensión necesaria, esas historias que penetraron en esos oídos bondadosos...