Falta un minuto para que la reflexión llegue o menos quizá cinco minutos. Ese polvo que cubre la piel guerrera de los que se han convertido en esperanza perdurable en estas horas de angustia, esos ojos que no se vencen ante la obscuridad de esas oquedades, esos puños que se levantan para encontrar una señal que nos haga vibrar y creer en las plegarias que han iluminado el corazón de tantos. Hombres y mujeres que no se han quedado de brazos cruzados ante este destino inevitable de dolor e incertidumbre, esas grietas que parecen amargarnos la existencia son las que nos levantan y nos dan la fortaleza para multiplicar las voluntades de hacer las cosas de forma quirúrgica con tal de encontrar nuestras presencias, esas que nos acribillen de razones para no bajar los brazos aunque el cansancio sea irremediable. Una tragedia necesito esta sociedad que tragaba indiferencia. Ahora somos un ejército infinito en busca de una reconstrucción inmediata, tratamos de burlar ese duelo que...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci