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Rotos pero jamas desperdigados.

Falta un minuto para que la reflexión llegue o menos quizá cinco minutos. Ese polvo que cubre la piel guerrera de los que se han convertido en esperanza perdurable en estas horas de angustia, esos ojos que no se vencen ante la obscuridad de esas oquedades, esos puños que se levantan para encontrar una señal que nos haga vibrar y creer en las plegarias que han iluminado el corazón de tantos.

Hombres y mujeres que no se han quedado de brazos cruzados ante este destino inevitable de dolor e incertidumbre, esas grietas que parecen amargarnos la existencia son las que nos levantan y nos dan la fortaleza para multiplicar las voluntades de hacer las cosas de forma quirúrgica con tal de encontrar nuestras presencias, esas que nos  acribillen de razones para no bajar los brazos aunque el cansancio sea irremediable.

Una tragedia necesito esta sociedad que tragaba indiferencia. Ahora somos un ejército infinito en busca de una reconstrucción inmediata, tratamos de burlar ese duelo que nos ha desgarrado el alma, el miedo persiste al menor ruido pero la conciencia quizá ha madurado con esta calamidad que nos compromete a estirar nuestras  capacidades para ayudar a nuestros hermanos en desgracia. Si nos levantaremos de norte a sur no hay duda que lo lograremos. La tarea más ardua es que de algún modo hagamos claudicar la memoria corta y que el olvido no nos haga una mala pasada, de nosotros depende que estos sentimientos generosos permanezcan y nos hagan comprender que somos una raza solidaria.

Rotos pero jamás desperdigados esa es la cuestión que debemos de atender en medio de nuestros muertos y de nuestros innumerables vivos. No dejemos que esa sensación de pánico nos acabe, nos revuelque, nos haga añicos. Busca ese motivo que te haga salir y observar detenidamente esas calles que cambiaran y que se transformaran porque ha cierta hora llego un brusco jalón que nos hizo despertar y recordar a nuestra familia pequeña o numerosa, que nos bofeteo para bajarle al tono a la soberbia y arrogancia, ese brusco movimiento que nos puso en su lugar con los ojos mojados y el cuerpo tembloroso que nos presentó de nueva cuenta a la vulnerabilidad para que no nos olvidemos que somos seres temporales y que grandes debemos ser con las acciones y con los hechos que nos llevan con sutileza al entendimiento de la empatía.

Ponte ese casco y esos guantes que debemos quitar esos obstáculos, entrega esa ayuda al que oportunamente lo necesita y alégrale la vida con esas palabras que nacen del interior, con esa garra que nos hace sostener la fuerza para compartirla y comenzar a creer que estas escenas desoladoras nos harán reaccionar y salir de la parálisis. El crujir de las paredes y de la tierras son inminentes son el resultado de un cataclismo que provocara otro que inmiscuya a la sociedad que no debe retroceder para construir cimientos resistentes a la maldad y sus secuaces.

Ubícate en el eje de tu esencia y fabrica herramientas invaluables para conquistar lo que merecemos, para erigir una versión en donde todos luchen por sus sueños y sus realidades. Esta adversidad es pieza fundamental del motor que nos llevara al puerto que muchos anhelamos, esta catástrofe representa una oportunidad para impulsar un cambio.

Tardaremos en llegar a la normalidad, a lo que era cotidiano quizá muchos si encontraran esa habitualidad porque seguirán consumiendo indiferencia y lo sucedido lo marcaran como un mal día y sacaran de la mazmorra esa frase que dice la vida debe de continuar y si en efecto tiene que seguir pero sin duda también debemos de aprender, crecer e involucrarnos para no terminar siendo un miserable.


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