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Mostrando las entradas de agosto, 2015

Marañas, titeres y absurdos.

No puedes ser aliado de la altanería cuando la razón no puede ser engañada, cuando irremediablemente esta te da de bofetadas y no sales de ninguna forma de aquella trinchera que has idealizado. Ahora que está de moda aquel término de conflicto de intereses no puedes hacer olas cuando hay cosas que permanecerán   intactas hasta el fin de los tiempos. No puedes hacer que tu sentimiento dicte a tu mente lo que crees y no lo que realmente es, pero hay individuos que quieren tener el control de todo hasta de tus relaciones personales y   lo peor es que esto lo toman como una traición y lo cuentan a su conveniencia al final de cuentas tienen que ser la víctima, cuando esto solo es producto de inseguridades y de conceptos con poco análisis. Si en definitiva todo mundo tiene derecho a ser feliz de la forma que elija y también hay que buscar la armonía del entorno, no puedes poner bardas cuando tú no eres parte de una problemática real o existencial, no puedes ser grosero...

Un hombre y un rosal.

Era una mañana de septiembre, la incertidumbre crecía y la presión era demasiada para un joven de tan solo dieciocho años que quería comerse al mundo y quería cumplir sus sueños sin contratiempos, pero la sorpresa emprendía la traviesa rebeldía que provocaría la huida más acertada en la historia de este joven. Tomo su maleta aquella que estaba bordada con su nombre en todo su esplendor, guardo el par de zapatos que lo acompañaban desde hace tiempo y la ropa impregnada de días lleno de altibajos, en él estaba naciendo el sentido de no ser responsable de las situaciones que tenían que atender otros, todavía quedaban restos de la guerra de mentiras y huella de los errores cometidos eso se traducía en un vidrio roto, en un jardín maltratado y lo único que sobrevivía sin apenarse de nada era un rosal que era tan grande como la decisión de aquella mañana. En aquel escape los pensamientos eran ambiguos   y las emociones eran de coraje y de irreverencia, atrás quedarían las ta...

El amante de lo soez.

Aquel   hombre era un fuera de serie creía que el mundo estaba a sus pies y que tenía todas las puertas abiertas quizá por su nulo carisma y su estilo de hurgar hasta el último episodio de fulano de tal. Se ostentaba de tener relaciones públicas prodigiosas y era entusiasta al impulsar sus aventuras como si fueran meritorios   para convertirlos en hechos históricos. Era soez en su forma de decir las cosas, la gente no le hablaba por su enorme incongruencia y por su fastidiosa forma de meterse en lo que no le importaba, su aspecto era tan largo como su lengua y su tono de voz molestaba hasta al paciente. Era lambiscón con los hombres de poder, les vendía las ideas más inverosímiles y les hacía creer que pronto todos morirían de envidia por los logros que obtendría, su ego estaba muy inflado aunque su escuálido cuerpo no permitía percibirlo. Como todo endulzante de oídos tenia a sus secuaces   aquellos que le seguían para saber las verdades y las mentiras del ...

El viento que no complace a nadie.

Esas palabras se las llevo el viento una tarde veraniega, así llego la reflexión y se cerró toda posibilidad de comprensión, así observaba que primero cae un hablador que un cojo y que es mejor quedarnos callados porque el destino te lleva a maximizar lo que en ocasiones juzgaste con todo tu rigor y que te queda solo tragarte tus argumentos venenosos e inspirados en la destrucción. Estaba ahí sentado en aquella mesa con cuatro sillas y una botella de ron, con la música que me inspira a cantar y con la compañía indicada para que mis múltiples   pensamientos desglosaran cada una de los grandes motivos que habían desaparecido porque una atrevida ola de verdades salían mientras mi dura conciencia me decía tu no deberías estar aquí. Al final concluí que mi libertad de pensamiento y expresión no debe ser cuartada aunque esto provoque sismos e inunden lugares que por décadas han estado secos y olvidados, también reafirme que mis opiniones solo deben salir al universo cuand...