El amante de lo soez.
Aquel hombre era un fuera de serie creía que el
mundo estaba a sus pies y que tenía todas las puertas abiertas quizá por su
nulo carisma y su estilo de hurgar hasta el último episodio de fulano de tal.
Se ostentaba de tener relaciones públicas prodigiosas y era entusiasta al
impulsar sus aventuras como si fueran meritorios para convertirlos en hechos históricos.
Era soez en su forma de decir las
cosas, la gente no le hablaba por su enorme incongruencia y por su fastidiosa
forma de meterse en lo que no le importaba, su aspecto era tan largo como su
lengua y su tono de voz molestaba hasta al paciente. Era lambiscón con los
hombres de poder, les vendía las ideas más inverosímiles y les hacía creer que
pronto todos morirían de envidia por los logros que obtendría, su ego estaba
muy inflado aunque su escuálido cuerpo no permitía percibirlo.
Como todo endulzante de oídos
tenia a sus secuaces aquellos que le
seguían para saber las verdades y las mentiras del entorno, el creía que por su
magna inteligencia era seguido aplaudido pero
la realidad era otra y se aprovechaban de su facilidad para contar las
cosas y que esto era aprovechado por otros para saber que atajo tomar.
Era amante de la impuntualidad,
partidario del ocio y asistente de la necedad.
Que terrible suena saber que
puede existir alguien así, con esa ambición de tener grandes proyectos, que
intenta correr cuando lo importante es caminar, cuando en vez de explorar su
mundo se sumerge en el otros convirtiéndose en un terrible fisgón, en una
caricatura chusca, en el instrumento de muchos y en provocación de risas de
tantos. Debemos aterrizar en la realidad y reconocer nuestras cualidades y
debilidades, agradecer a la vida de tener la dicha de vivir un día más y no
querer burlarnos de ella. No debemos caer en la típica equivocación de
aprovecharnos del poder o del dinero que por alguna circunstancia llega a
nuestra existencia y eso no debe de ser razón jamás para ver pequeños a los que
nos rodean, no debemos aprovecharnos del débil simplemente hay que enseñarle a
conocer la fortaleza.
Hay personalidades que no
soportan escuchar las verdades, tachan de amargados aquellos osados que dicen
como son las cosas, piensan que por emitir una opinión esta ya tiene su nombre
y apellidos y pues no realmente no. Lo lamentable aquí puede ser que la opinión
osada queda destrozada porque la acomodan a su conveniencia para salir lo mejor
librado posible.
Analizando aquellas actitudes
siniestras debemos de evitar ser soez, lambiscón, impuntual, incoherente,
necio, pero créame siempre encontraremos un personaje con estas características
en su máximo esplendor y debemos estar preparados para afrontar y tratarlas con
todo el rigor para que no nos hagan ni cosquillas.
Aquel hombre del que hablaba al
principio, lo sigo viendo todos los días en su burbuja llena de alucinaciones
que quizá en algún momento fueron sanas ilusiones, pero lo que no sabe que en
algún momento la burbuja se romperá, el sentirá el vacío en su extensa caída y
deseo que el golpe no sea atroz y esto no lo deje con una locura extrema de la
cual no quiera salir por ningún motivo.
Mientras haya oídos que endulzar
eso bastara para que el reino de los que hablan sin razón se extienda y que el
ejército crezca y este multiplique sin límites y por eso los que estamos de este
lado debemos estar bien ubicados y preparados para cualquier loca emergencia.
Esperen otro martes para
seguirles contando sobre el hombre, la burbuja, la caída o el golpe.
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