Un día vino la muerte de visita y me hablo al oído, me dijo cosas que me erizaron la piel, me sacudió de una manera inimaginable, después se iba con tremendas carcajadas y cada vez que podía regresaba y me tomaba de la mano y contemplaba mis miedos, eran episodios que se combinaban con un silencio enigmático, la escuchaba y le creía a medias, se machaba con un porte que imponía y observaba cómo se llevaba a los inocentes que se dejaban. Sus visitas eran muy recurrentes hasta que un día se olvidó de mi dirección, de mi ubicación y de mi existencia. Se canso de mi indiferencia, intuyo que me quería quedar en este mundo para experimentar todo lo que se me ocurriera y me dio la oportunidad de valorar la vida y mira que me he equivocado y también he resarcido, estoy contento por seguir respirando. La muerte quizá se hizo mi amiga en esos días de incertidumbre y de momentos grises, que decidió olvidarme, retrasar lo inevitable, me permitió encarar mis verdades con paciencia, me hizo ...
Opiniones que pueden cambiar trayectos. Nevid Ascenci