Un día vino la muerte de visita.

 

Un día vino la muerte de visita y me hablo al oído, me dijo cosas que me erizaron la piel, me sacudió de una manera inimaginable, después se iba con tremendas carcajadas y cada vez que podía regresaba y me tomaba de la mano y contemplaba mis miedos, eran episodios que se combinaban con un silencio enigmático, la escuchaba y le creía a medias, se machaba con un porte que imponía y observaba cómo se llevaba a los inocentes que se dejaban. Sus visitas eran muy recurrentes hasta que un día se olvidó de mi dirección, de mi ubicación y de mi existencia.

Se canso de mi indiferencia, intuyo que me quería quedar en este mundo para experimentar todo lo que se me ocurriera y me dio la oportunidad de valorar la vida y mira que me he equivocado y también he resarcido, estoy contento por seguir respirando. La muerte quizá se hizo mi amiga en esos días de incertidumbre y de momentos grises, que decidió olvidarme, retrasar lo inevitable, me permitió encarar mis verdades con paciencia, me hizo verificar que el resentimiento es malo y causante de muchas vicisitudes, me enseño a recomponer las maneras y tener mejores formas de conducirme, aunque la mustia me ha dado mis lecciones y me ha hecho llorar, sigo creyendo que es parte del entorno y del caos, no hay salvación para sus formalidades.

Aquellos días de junio fueron catastróficos, solo me imagino que tantas cosas se habrán dicho, cuantas suposiciones, cuantos señalamientos y cuantas indebidas acusaciones, era parte del espectáculo mientras la muerte se asomaba de una manera soberbia y franca, había creado las condiciones para que ella viniera y me dijera esas frases atrevidas, era yo el anfitrión de sus inquietudes, era uno de los tantos que estaban bailando a su son, era uno de su larga lista.

Así pasaron los días hasta que por fin me borro de sus deseos, me aventó a lo que me tocaba vivir, me obligo a leer el presente de manera imprudente, no había opciones 0 tomaba el chance de permanecer aquí o me resignaba a la posibilidad de acompañarla sin boleto de retorno. Entonces un día me levante, deje los cuestionamientos, me arregle y decidí salir a la calle, forzando a mi escuálido cuerpo, mi fragilidad era evidente, pero no hubo razón que me detuviera y afronte lo que sucedía, tenía que recuperar una infinidad de motivos para comprender el mensaje.

La codiciosa muerte me había dejado porque sabia que tenía una misión importante. Han pasado los años y descubro que debo ser tan trasparente como pueda, que no me debo rendir, que el tiempo vuela y las historias no se detienen. Los miedos persisten, pero me impulsan a concretar sueños y ha establecer como prioridad la paz que en otros tiempos hizo falta.

La muerte es sorpresiva, tanto que me ha dejado perplejo, desolado e inconsolable, no se tienta el corazón para continuar con su labor, es incontrolable y muy efectiva, es una presencia puntual, que no tiene excusas, que es sofisticada y muy solicitada, así es y seguirá siento. algún día regresará para cumplir el objetivo y me tendré que ir con ella, no habrá opciones, no podre escapar, es por eso por lo que estoy gozando ahora que puedo, porque cuando llegue el momento ya no habrá vuelta atrás. Quizá en aquel entonces no me tocaba, pero me tocara y será algo inconcebible, pero reitero todos estamos en la lista,  entonces no hay que temerle, solo hay que compartir espacio y tiempo con ella.

Por ahora no espero visitas, solo quiero tomar una siesta y salir a dar la vuelta en una ciudad llena de vida y alegría.

 

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