Sin sentido de pertenencia.
Escucho como cae la lluvia en aquella vieja lamina mientras bajo por las
escaleras de caracol que alguna vez mando a construir mi madre, le parecían de buen
gusto y según ella daban estética al espacio, años después las maldijo pues era
un triunfo subir, es lo único que conservo de la estructura original, al saber
que era mi herencia modifiqué todas las estancias y el jardín lo convertí en un
hermoso invernadero donde paso horas escuchando a Mozart.
Después de que murió mi madrecita, decidí alejarme del mundo, renuncie a la
asesoría en análisis de mercado y me dedique a escribir, parece que el mundo se
olvidó de mí, el teléfono solo resuena para confirmar la llegada de la despensa
y agradezco la ausencia de los que decían mis amigos, mi hermana ni me molesta
se obsesiono por ayudar al prójimo y es feliz, ya nadie me pide favores y
tampoco opiniones, me convertí en un ermitaño adinerado y sometido a la
seductora soledad que tanto me alardea, quite los cientos de reconocimientos
que obtuve y las fotos de mi progenitora las envolví y las arrumbe en el sótano
ahora en su lugar hay fotos de Fredy Mercury, David Bowie y George Michael era
mi sueño de adolescente tener un espacio dedicado a los seres que me inspiraron
a romper reglas y estereotipos. El consultorio de mi padre ahora es una especie
de spa que mande hacer para imaginarme que hay que relajarse, algún día lo
ocupare y le daré el uso pertinente.
Rematé todos los muebles y decidí que existirá lo básico. Mande a pintar las
paredes en un verde esmeralda con los zoclos en blanco, compre un sofá en color
borgoña y las alfombras en color gris azulado, una pequeña mesa y solo dos
sillas, es suficiente para vivir, clausure cuatro habitaciones y me quede con
la principal que tiene una cama matrimonial, un tocador, una mesita y un
librero donde conservo unos muñecos de porcelana.
No recibo visitas, este casa se ha convertido en mi salvación y mi adoración,
no la venderé, al final se la dejare a mi sobrina que sueña con tener un zoológico
y ser una magistral política, bueno la niña solo tiene siete años no sabe lo
que dice, mis anhelo era ser periodista y tener una florería, termine por dedicarme
a los estudios de mercado y mi emprendimiento fue un fiasco al intentar vender
ropa deportiva, pero para que me muera falta mucho, todavía necesito darme un
segundo aire e intentar salir de casa para sociabilizar con la gente que se la
vive quejándose del país y de la vida de los demás.
De los cinco libros que he escrito, jamás he realizado un presentación, solo
salen a la venta y al final se agotan, la ultima entrevista que tuve fue
aquella vez donde insinué que la derecha seria un error y la izquierda un tiro
en el pie, creo me tienen censurado porque saben que tengo razón. Recuerdo que
antes de encerrarme cada ochos días iba al bar de moda en el centro histórico y
los debates eran infumables, sobre todo con los escritores que querían dar a
conocer su narrativa como si fuera una especie de revolución ideológica y los políticos
se creían una digna solución, al final recibía más mentadas de madre que tragos
de cortesía. Mi mamacita es la que me motivaba a que estuviera en la vida pública,
me retaba para hacer la diferencia y pues eso termino cuando dio su último
suspiro.
Ahora me alegro de andar casi todo el día en mi bata rojo carmesí, el mundo
ya no me necesita porque no tengo madre ni esperanzas, ni ganas de figurar como
muchos que viven de apariencias y de cuentos amargos, esos que luchan por el
centro del universo cuando son una partícula sin sentido de pertenencia.
Comentarios
Publicar un comentario