Un balazo a la memoria.
Al parecer no tienes memoria, se te ha olvidado cuando
fue la ultima vez que nos vimos, no te interesa saber que me sucede y esto se
ha vuelto reciproco, se ha convertido en un estire y afloje de indiferencia y
cuentos truculentos, en fin, somos seres humanos que están cambiando
constantemente, no te puedo obligar a que me digas que es lo que sientes y yo
no estoy dispuesto a rogar la atención que está enfocada en otras cosas.
Han pasado meses y al ritmo que vamos pueden pasar años. Es
una tristeza que todo se haya ido por un pequeña rendija para aventurarse quizá
a muchos colapsos, melancolía, dolor, incomodidad, pereza, resignación a medias,
es una interrogante que me sacude cada vez que menciono tu nombre y recuerdo todas
las platicas interminables, que ahora son simplemente monosílabos, mensajes repetitivos
sin una esencia verdadera, honesta y transparente. El volado no estuvo a mi
favor y tendré que afrontar tu ausencia de una manera inteligente, adaptándome a
tus chispazos de lo que eras y dejaste de ser por una ruleta de dudas y
aferramientos que te tienen en una abismo, en una eterna noche fría, en un
sometimiento cruel, pero no te das cuenta, solo reniegas en silencio y sigues
con la tónica de esta es mi vida y así la quiero vivir.
Esta bien, es valido que cada uno considere los riesgos y
los caminos. Es lindo saber que estas allá, recuperando un poco de aquello que parecía
lejano, que bueno que vayas construyendo un concepto de felicidad complaciente,
que bueno que leas estas líneas que, aunque no tienen destinatario es posible
que te quede el saco y justo a la medida. Entonces espero que te resuene
algunas letras en esa cabeza que en ocasiones se asfixia con tal de escapar de
lo inevitable y evidente. Quisiera que un día me escribas una carta y me des
tus impresiones sobre el presente, que te liberes de esa jaula donde te
metiste, que no te mientas y que no te engañes, que realmente salga flote esa esencia
guerrera, insolente y combativa, que sacudas tus instintos y vuelvas a la historia
que tanto anhelas, que tanto sueñas.
Aquí estoy esperando a que llegue el invierno, tengo el
presentimiento de que quizá vengas y me digas eso que tanto has callado, pero te
mantienes en la necedad de quedarte en el miedo y ponerte ese disfraz de valentía
que nadie toma en cuenta, sigues en esa sintonía hueca de tontas apariencias y
de enojos viejos, te quieres perpetuar hasta que algún día alguien te entienda
y consiga la hazaña de acabar con las injusticias y las calamidades.
Quieres que el mundo sea a tu manera y eso es un imposible.
Observa el calendario y date cuenta de que la última vez que reímos fue cuando alguna
de tus ocurrencias retumbo en un espacio de libertad y festejo, ahora estas
lejos, estas en la mezcolanza de recuperar, de perder, de ganar, de sobrepensar,
de ignorar, de pasar tus insomnios en compañía de tus pensamientos crueles y por
ahí estoy queriendo consolarte y decirte lo que ya sabes, pero te niegas a aceptar.
No te interesa que mis palabras estén acechando tus intenciones de alejarte
cada vez más, no quieres saber de aquello que alguna vez inventamos, me has
soltado, me has aventado al vacío y voy cayendo de una forma peculiar, me estoy
dando cuenta que no miramos con el mismo cristal, que en algún momento
permitimos nuestro extravió y en una de esas ya no nos volveremos a encontrar y
eso si es un golpe bajo, un balazo a la memoria.
Comentarios
Publicar un comentario