Ni una O por lo redondo.


Nuestros muertos nos deben de estar esperando para saber los detalles de todo o que han visto.

Como es posible que las bocas viperinas digan tantas cosas y no tiene certeza de lo que hablan y aseguran y ponen en duda de la voluntad del ser que ya no está. Si estos entes  llenos de amargura se dedicaran a  sus vidas, hijos, actividades, razones no estarían enredándose en las preocupaciones que solo ellos consumen para ser felices. Es como si alguien inventara que padece alguna enfermedad y no hace partícipe a nadie del proceso y todos tiene que creer tan estúpido cuento para sentir misericordia, creo lo único enfermo de este personaje seria la mente y los que en verdad le siguen el juego serán sus cómplices y en algún momento sus victimarios.

No podemos jugar con la muerte como si fuera una pelota. La muerte de un ser querido marca de forma profunda por todos los momentos brindados, historias contadas y confesiones inimaginables.  No podemos decir que la hemos presenciado cuando hemos pasado desapercibidos para ella, no podemos decir que vamos a morir cuando no hay ni un trozo de razón para confirmarlo. Los sobrevivientes a la visita de la muerte, se convierten en seres verdaderamente fuertes y con la convicción de  tener un buen corazón aunque las circunstancias dicten lo contrario.

Ni todo el dinero del mundo nos podrá salvar cuando nos llegue la hora, ni el ruego más exagerado nos quitara del camino el fin de nuestros días, nada nos podrá hacer huir de aquel frio indescriptible y es cuando quizá lleguen esas respuestas que por mucho tiempo no quisimos escuchar por miedo o por tanto amor.

La ingratitud de los vivos aparece cuando obtienen lo que quieren y se van entre la jungla  que se va sacando a su paso terminando marchitos del corazón y con severas heridas provocadas por ignorancia y por lo que ellos creen de los demás. Cuando hay voces que enferman a otros con historias mediocres es porque así trasmiten su falta de equilibrio, como cuando un experto de caligrafía te dice cómo hacer las cosas pero él no sabe hacer ni una O por lo redondo.

En vida no podemos matar los sueños de nadie, ni las razones que lo hacen entregar todo, ni sus lapsos de ocio, ni sus plegarias arraigadas, ni sus creencias más absurdas, cada ser tiene sus formas de impulsarse para encontrarse y evitar dar pasos en falso. La muerte es como un flan suculento que ahí está en la mesa esperando al inocente que quiere postre y  una de las interrogantes es que tan dulce es y hasta que nos llegue la hora lo sabremos y eso no lo podremos contar porque nuestro físico ya será un bulto.

Nuestros vivos solo quieren ser felices a su manera y esa es la riqueza que no está en los bolsillos, eso que no valoramos y la gastamos como si fueran monedas de oro son los motivos que nos hacen reír y sin saber nos hace tomar a la muerte como la clásica pelota que hacemos botar por todos lados sin saber que un día esta se ponchara y el juego concluirá.

La muertes nos ronda, esta nos pone pruebas, esta se burla de nosotros, esta pone los puntos finales cuando se le antoja, esta descarada es nuestra amiga, la temida muerte por tantos es algo que no se puede olvidar ni en nuestro tiempo libre.

Vida y muerte una pareja inigualable que tiene tantos placeres afines, este par no tiene peleas ni disgustos, vida y muerte locas razones para pensar que la eternidad es un invento terrenal y ante esa verdad las lenguas venenosas no podrán y también algún día morirán.

 

 

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