En busca de una reina.


Las inundaciones han hecho estragos en este mundo de tinta y personajes fallidos desmembrados por la ignorancia que impone un exuberante televisor.

Érase una vez un rey soberbio y testarudo que era robado por aquel que se creía héroe entre tormentas de arena y lluvias esporádicas, existía un ermitaño que escondía sus miedos en vasijas y su terquedad lo dejaba ciego ante la desoladora historia que estaba ausente de encanto. En un territorio custodiado por los cadetes de la no razón y la pesadumbre de las acciones, solo había caminos truncados al reino que lo hacía inaccesible.

Al reino solo podían entrar los que tenían la clave y eran examinados hasta el último rincón de su conciencia pues aquel  lugar había sido despojado poco a poco de sus riquezas y hasta las bandejas de plata habían desaparecido pues aquel rey estaba acostumbrado a servir todo en vajillas de plata y ahora no tenía ni una sola.

El ermitaño vivía en la colina más cercana al castillo y él anhelaba conocer el interior de aquella fortaleza pero por sus condiciones sabía que moriría sin cumplir su sueño pues había escuchado de los lujos y los artefactos de plata con los que se comía y quería constatar aquellos rumores.

¿Eres rey o ermitaño?, no me contestes solo realiza una reflexión que te deje satisfecho, eres un rey dadivoso y mueres por hacer lo que está en tus manos para complacer aunque sepas que te quedaras sin nada o prefieres ser ermitaño y te estancas en una ilusión que te devora sabiendo que nunca saldrás de ese pantano lleno de cuestionamientos.

Quizá esta historia sea subjetiva o muy objetiva, quizá sea de utilidad o la termines de leer y se olvidara. No puedes elegir sufrir por algo que no te pertenece, por algo que te lastima hasta el sentimiento más puro, prefieres ver algo que te causa horror en vez de bloquearlo y dejarlo fluir es un crimen lo que haces con tu presente. Algunos creen que cupido anda a diestra y siniestra mandando flechas a su corazón y lo que manda son cuchillos para que las vendas caigan, no puedes exponer a tu corazón y oprimir el apagador de tu cerebro, no puedes llamar felicidad algo que solo es placer efímero y más de lo mismo.

El rey no disfruto su corona, ni su trono, ni sus aires de grandes que le obsequiaba aquel lugar de forma abstracta. La monarquía sucumbiría ante la búsqueda de una reina que no llegaría porque así estaba escrita la historia. Mientras tanto el ermitaño logro escalar uno de esos tantos muros y darse cuenta de lo vacío del reino muriendo por el esfuerzo y cumpliendo su  singular anhelo.

Puedes seguir escarbando hasta encontrar el tesoro pero nadie te asegura que encontraras, puedes creer lo que quieras, puedes morir de la forma que gustes pero hazlo sin sufrir y sin esperar que la vida por efectos de magia te dé lo que deseas. Sigue buscando aquello que te da una alegría indescriptible, seduce al tiempo para que este sea duradero, indaga si realmente estas solo o es un sabotaje imaginario.

Hay cuestiones que dentro de las historias se callan por determinación del escritor, por el bien de los personajes, por las emociones que puedes provocar. Cuando la tinta hace su invención no se puede corregir la forma del cuento porque el sentido se perdería y la moraleja no sería la misma. Hay cuestiones que los de carne y hueso deberíamos externar para revolucionar las historias convirtiendo  los anhelos en episodios reales y las flechas sean directas a lo que nos asalta la razón.

 

 

 

 

 

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