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Mostrando las entradas de diciembre, 2022

Es la última noche del año.

  Tus ojos me descomponen en un día frío y me condenan a la espera que sin duda es larga. Entre cientos de personas te pierdes y es complicado hallarte entre la bruma de pensamientos ególatras, quizá brilles, pero la obscuridad de todos esos entes te observa con cierta envidia mordaz, me inspiro para recordar el icónico momento en el que estabas contemplando la luna, te imagino cuando escuchas esas canciones que cautivan los sentidos y hablas de tus sueños. Caigo en el vértigo y me cobijo con la paciencia, no idealizo, ni alimento las expectativas, solo te pienso sin ataduras y sin prisa. Es la ultima noche del año. Podría hacer mil promesas, pero prefiero recordar todos los momentos vividos y quiero que el tiempo haga su travesura, necesito un poco de aquel instante, quiero volver, solo susurro a la nada y la verdad destella entre los ventanales que vibran como si respondieras. La locura me estropea el anhelo, pero la calma me da una pizca de dopamina y regreso con entusiasmo y ...

Ser feliz es una decisión.

  Me pellizco no era producto de mi imaginación, también tengo la impresión que estas consciente que no era un sueño, estábamos ahí justo en el lugar preciso, observando como el tiempo hacia de las suyas con nuestras negras intenciones, nuestros gustos reprimidos, nuestros deseos cósmicos, éramos parte de la oportunidad pedida al cielo, a los ancestros, a los ángeles caídos, el dolor de los pellizcos era evidente mientras cuestionaba a la soledad intrigante de la mañana, la orilla de la cama me invitaba a sonreír, la resaca me conmovía al recordar tus susurros y el sol anunciaba que el destino es una serie de sucesos inesperados. Tiemblo de frio en la antesala al invierno, seria prudente que estuvieras aquí dándome unos abrazos, que el silencio fuera una conversación que nos llevara a conocernos, tengo tantas ganas de patear a la paciencia y salir en busca de tus peculiares parpadeos, pero estas extraviado en esta gran ciudad, desconozco cual es tu paradero, no tengo idea en que ...

Las ganas se han vuelto pesadas.

  Comienzas a leer aquel libro que tenias olvidado en esta tarde donde sigues pensando en sus delicadas manos, en sus gestos, en esos ojos que brillan como si la eternidad te llamara, recorres cada escena con disimulo, arrumbas el libro, sigues clavando la atención en todo lo que en silencio has dicho, sales corriendo para ver si percibes una señal que pueda compararse con un milagro, pero la paciencia te pone el pie. Sientes algo extraño en el pecho, imaginas como la margarita se va deshojando cada vez que su presencia invade lo que es el paraíso idóneo y en verdad quisieras que llegara y te mirara con esa fuerza indescriptible y te pusiera nervioso. Dosificas la desesperación, cortas aquellas verduras con dedicación, miras el reloj como si esperaras algo, caminas en círculos, vuelves y tomas ese libro y nuevamente lo dejas en paz, revisas tus correos con tal de tener entretenida la mente, bebes de aquel vaso de una forma sutil, imaginas sus labios y sus movimientos seductores, ...

Colosal.

  Un grito de gol que no te interesa, es una efusividad suspendida en tus cinco sentidos, bostezas como si supieras todo lo que va a pasar en la vida de aquel fulano que camina apresurado para ver la repetición de la magistral jugada en aquel aparador, te mantienes quieto en aquella banca que ha sido cómplice de la espera, miras para todos lados y no hay señales de vida de aquella cita significativa. La ciudad esta muerta, once individuos detrás de un balón han provocado el paro de actividades de millones, las esperanzas están muriendo, las lágrimas ingenuas están cayendo al suelo, los gestos de descontento siguen acumulándose, las malas palabras nacen del alma, todo esta trompicando en la búsqueda de algo que por décadas ha sido imposible, sigues esperando al que podría ser el responsable de tus cambios soñados y no aparece. Comienzas a dudar de la agenda, del reloj, la impuntualidad comienza a inflamarte el abdomen, el enojo es evidente en el rechinar de tus dientes y otro anhe...

El subterráneo.

  La multitud te cubre de pies a cabeza con todas esas plegarias que necesitan expresar en el largo túnel abandonado donde se escucha el clamor de la libertad y la victoria, cuestiones que han quedado en deseos y en propagandas insultantes, todos quieren llegar a tiempo a sus destinos grises, quieren sentir esa adrenalina que los hace reaccionar ante el opaco amanecer que les saluda. Decides quedarte en el subterráneo a pensar en esas posibilidades que estropean tus cualidades y horizontes, necesitas un espacio que te aleje de la efímera sonrisa falsa de aquella señora que te sirve el café insípido, quieres evitar las consignas del viejo que pensó que su presente seria diferente y vive del glorioso pasado, solo quieres ver como las ratas escapan cuando escuchan ruidos amenazantes. Aquí en el subterráneo, un refugio de historias de amor clandestinas, de erotismos incesantes, de actos atroces, aquí donde existe el robo de ilusiones y se incuban las torpezas de todos aquellos que se...